Trabajar en el hogar es una bendición. Y lo digo sin exagerar, porque luego de estar un par de años en una oficina, me di cuenta que es la mejor opción para mí. Hay unos que le gusta transportarse a su lugar de trabajo y tener un jefe, yo amo no tener que ir a ningún lado y ser mi propia jefaza.

Me gusta disponer de mi tiempo y tomarme dos horas para el almuerzo; así puedo cocinar y comer con tranquilidad, y hacer que mi vuelta a la segunda patita del día sea menos traumática. Me gusta poder hacer trámites cuando quiera, me gusta dormir siesta si tengo sueñito.

Creo que el único inconveniente que le he encontrado últimamente a trabajar desde mi departamento es el no moverme mucho. ¿Cómo es eso de no moverme?

Te han dado una semana de vacaciones en la pega y es el momento de largarte. Ah, es ahí cuando recuerdas todas las cosas que dependen de ti en el hogar. ¿Te acuerdas de esas plantas que compraste cuando recién te fuiste a vivir por tu cuenta? Sí, esas plantas que casi se han muerto porque olvidas regarlas. Esas mismas. Si te vas una semana y nadie las cuida, esta vez sí que se van a morir. ¿Y qué hay de esa mascota que tanto quieres? Alguien debe alimentarla.

Entonces, ¿qué se hace? ¿Con quién dejas la casa ahora que no estarás presente?

Tranquilos, camaradas. Aquí hay un par de consejos a seguir para que tu hogar no se convierta en una zona de desastre luego de una semana de ausencia de tu parte.

La verdad es que nunca mi madre me comentó (o bueno, quizás una vez) acerca de aquellos rituales hogareños que deben hacerse cada cierto tiempo.

Estoy pasando por un periodo de ahorro intenso; mi ingreso está siendo mucho menor que mis gastos y menos mal que tengo ahorros para sobrellevar este periodo de tiempo. Ay mis nerds, vivir en Europa es TAN caro.

Si hay algo de lo que puedo jactarme es que soy muy buena ahorrando. Cuando con Ed entramos en periodos de malas rachas laborales, pongo mi hogar en modo-batalla y no me duele cortar gastos o idear planes de contingencia. Así que se me ocurrió escribir esta serie de posts para ayudarlos a ahorrar, así si ustedes también están pasando por un periodo de vacas flacas, les puedo dar ideas de cómo ahorrar y poder llegar a fin de mes sin problemas.

Hoy les hablaré de mi termitoY ustedes se preguntarán: ¿qué diantres tiene que ver un termito con ahorrar? Ahora les contaré.

Escribir este post ha sido mega difícil. Y es porque de alguna manera, es volver a abrir una experiencia que he preferido olvidarme y no pensar mucho.

Irme del país con Ed ha sido quizás la experiencia más horrible que he vivido. No sólo por lo traumático que es despedirse de tus amigos y tu familia y abandonar el hogar donde has vivido casi cuatro años, si no que también tener que vender y deshacerte de muchas cosas que no puedes traer contigo. Objetos (cosas, al fin y al cabo) que con los años empiezan a adquirir un valor sentimental para ti y que duele perder.

Y escribo este post, mis nerds, para que si algún día les toca cambiarse de un país a otro, de un continente a otro o simplemente de una ciudad a otra, tomen en cuenta estas cosas que yo no consideré y no lo pasen tan mal en el proceso.
Este es un post que nos pidieron que volviéramos a subir, es una colaboración de Lia Bucci.

La sucesión de hechos es más o menos así: empiezas a trabajar, te parece que tu sueldo es suficiente para vivir en forma independiente, sacas cuentas a la rápida, y te embarcas en la loca y apasionante aventura de vivir solo (o en pareja). El drama comienza cuando a los pocos meses te enfrentas a una realidad horrible: tu sueldo (o el de ambos) no alcanza para tanto como creías en un comienzo.

¿Qué hacer? ¿Cómo organizarse?
No sé por qué, pero nunca había tomado mucho en cuenta las ensaladas listas. Siempre que llegaba a la sección refrigerada de las frutas y verduras, miraba hacia otro lado. "¿Para qué comprar ensaladas listas, si las puedo hacer yo?", me decía muchas veces. Pero esa opinión no tardó en cambiar.

Si no eres un masoquista que disfruta con las tareas aburridas del hogar, de seguro eres como el noventa por ciento de la población que odia lavar la loza. Y hay un elemento de "la loza" que es el más detestable: los cubiertos.

Hola mis nerds, ¿cómo va el Martes hasta ahora?

 Aquí en Berlín hace un calor de los mil demonios; o quizás estoy exagerando porque hace un año que no sentía climas templados y sentir 30ºC de nuevo es como lo más parecido a sentir que me estoy derritiendo.

Quería escribirles acerca de un tema importante. Pasa que, últimamente, todo lo relacionado a mi trabajo ha sido sinónimo de un torbellino de emociones. Verán mis nerds, desde que me fui de Chile las cosas con las que lidio diariamente se redujeron. Antes tenía que tratar con cosas bonitas con las que ya no cuento: oncecitas eternas con mis amigos, juntas con mis primas, idas al cine con mis amigas, largos almuerzos familiares con mi familia y tantas otras cosas increíbles.



Entonces, ahora que vivo en otro continente lejos de todo eso, mi campo de acción diario se redujo a pocas pero significativas cosas/personas: Ed, mis gatos obesos y mi trabajo. De eso se trata el 95% de mis días.

Quizás se te ha pasado por la cabeza la idea de comprar ese objeto que tanto quieres y no está en tu ciudad. ¿Qué hacer? ¿Vale la pena comprar por internet? ¿Es seguro? ¿Qué pasa si me estafan? A continuación, una pequeña guía para obtener eso que tanto quieres y no caer en el cuento del tío.

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