Nos estaban pidiendo esta receta hace un tiempo, así que aquí está: empanadas caseras. Tiquitiquití.

Para las tardes heladas y con diente largo, nada mejor que hacer tus propias empanadas y sorprender a tu familia con tus dotes culinarios. ¿Suena difícil y latoso? Nah, tranquilo. Si nosotros podemos hacerlo, cualquiera puede. En serio. Entrenaría a un mono para que lo hiciera, pero creo que es ilegal.

Bueh, a lo nuestro. Para lograr tus maravillosas empanadas necesitarás:


- 2 y 1/2 tazas de harina.


- 3 cucharadas de aceite.


- Una pizca de sal (que son como dos cucharaditas pequeñas, aproximadamente... lo que cabe entre dos dedos).


- 1/2 taza de agua tibia (es al ojo, pues depende de tu masa, pero eso lo veremos en la receta misma).


- 250 gramos de carne (aunque nosotros usamos unos 150 gramos de carne de soja).


- 1/2 cebolla.


- condimentos varios (si quieren pueden agregar aceitunas o pasas. nosotros no tenemos y odio las empanadas con pasas... estoy seguro que no soy el único).

Con estos ingredientes, alcanza para diez empanadas pequeñas. Si quieres hacer más, usa más.

Procedimiento

1) Pon las dos tazas y medias de harina en un recipiente.

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2) Agrega las 3 cucharadas de aceite.

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3) Agrega la pizca de sal. No es muy complejo hasta ahora, ¿verdad?

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4) Agrega ahora el agua tibia. La medida de ésta, como decíamos antes, es al ojo. Agrega agua, mezcla bien y si falta un poco, vuelve a agregar. La masa debe quedar suave, pero no pegote. Si queda pegote (por error de cálculo) usa más harina.

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5) Amasa hasta que quede una mezcla uniforme.

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6) Procede a cortar la cebolla. En la foto, la corté con el cuchillo... pero luego de llorar como una nena en camisón, la metí en la picadora. Querido lector, si usted tiene tiempo, puede sumergir su cebolla en agua hirviendo por unos siete minutos para suavizarla. Yo no lo hice y mis ojos sufrieron. Avance bajo su propio riesgo.

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7) En un sartén a fuego medio, prepara un sofrito para la cebolla. Puedes sofreír un poco de aceite con aliños. Nosotros fuimos más flojos y usamos un sofrito que viene hecho y lo venden en supermercados. Es opcional.

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8) Mezcla tu sofrito con la cebolla en el sartén. Condimenta.

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9) A continuación, agrega la carne (en nuestro caso, de soja). Déjala en el fuego y revuelve constantemente. No debe quedar cruda (porque, bueno, te enfermarás...), pero cuida de no dejarla demasiado seca, porque luego vas a meter esto en una empanadas y eso irá al horno. Si queda seca desde ahora, cuando tu empanada esté lista, será como comer arena. Ojo con eso. Las empanadas de aserrín no son la última moda.

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10) Mientras se prepara la carne, usa un uslero y prepara la masa.

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11) Con ayuda de un plato y un cuchillo, corta círculos de masa.

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12) Finalmente, pon la carne con condimentos en los circulos de masa y ciérralos con cuidado. No es nada del otro mundo. De verdad que es simple, en las fotos se ve el proceso claramente:

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13) Ahora sólo ponlas en el horno hasta que estén doradas. Aproximadamente unos veinte minutos a fuego medio... ¡Y ya están listas!

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PROTIP 1: Si les sobra carne, pueden usarla para una deliciosa salsa de tomates, y si les sobra masa, pueden meterla al horno y les quedará una galleta. Fome y sin sabor, pero galleta al fin y al cabo. Quizás la pueden usar para untarla en salsas, por ejemplo.

PROTIP 2: Echa a volar tu imaginación. Las empanadas no pueden sólo ir rellenas con pino. Son como fajitas. ¡Pon lo que quieras dentro y prueba diferentes combinaciones y sabores!

Te lo dijimos, no es nada de complicado. En un rato tienes listas tus empanadas para dejar a tus familiares sorprendidos con ese chef profesional que es capaz de preparar empanadas viviendo solo. Nada de mal para quedar como Rey/Reina con la suegra, ¿eh?

¿Se animan a hacerlas? ¡Cuéntennos cómo les va!

Me llamo Tatiana (Tati), soy periodista y por ahora vivo en Boston. Hace tres años que soy una motivada por los temas de salud y nutrición. Entre lecturas varias, asesorías, datos y encuentros con otros interesados igual que yo, creo que tengo bastante material para compartir y quiero hacerlo con ustedes, en una serie de columnas acerca de vivir sano.

Si crees que comes sano porque entre tus alimentos no está la sal, azúcar, ni grasas, pero sí el pan integral, margarina, jamón de pavo, endulzantes, arroz, yogurt y coca light, creo que tenemos mucho de qué hablar...

Muchas veces se piensa que comer saludable es fome y desabrido. Que por falta de frituras, azúcar y refinados, la alimentación es una verdadera lata. Sin embargo, creo que puede ser todo lo contrario: una experiencia de nuevos sabores y creatividad.

Este es un post antiguo, de cuando éramos vegetarianos... ¡pero sigue tan vigente como antes!

Adoro las salsas. Me gusta el ketchup, el tomate, la mostaza, salsas de ajo y todo tipo de condimento en forma de salsa para echar a ensaladas y comidas en general. Pero hoy me gustaría hablarles de uno en particular que algunos conoces y otros tal vez no tienen idea qué es: la salsa barbacoa y sus usos en nuestra querida cocina de guerrilla.


La primera vez que probé la salsa barbacoa en fue en un tiempo que vivía con mi madre. Tiempo en que, para poder obtener dinero, le arrendábamos una habitación del departamento a estudiantes de intercambio. Una chica morena muy simpática, antes de irse de vuelta a California (USA), nos dejó varios regalos, entre los que venía un pote de salsa barbacoa. Yo recordaba que algunas promociones de McDonald's venían con esa salsa, pero nunca las había pedido, y cuando lo hice, no recuerdo que me gustara especialmente. La pobre salsa pasó un tiempo en el refri, hasta que me animé a probarla. Y entonces comenzó un período de experimentación un tanto indecoroso... y es que terminé usándola para todo.

¿Qué es la salsa barbacoa?, se estarán preguntando. Es una salsa color rojo oscuro, con sabor a... asado de ketchup. Lo siento, soy horrible con las descripciones de sabores, pero es lo más cercano que se me ocurre. Si no la han probado, pueden comprarla en su supermercado favorito en la sección de condimentos (junto al ketchup y mayonesa), o en la sección de comida internacional (en la parte de Estados Unidos). En este caso, tenemos una salsa barbacoa de cierta marca, pero hay muchas otras. Esta es, simplemente, la que tengo en casa en este momento. Lo común es que se use para sazonar la carne, ya sea servida en el plato, o durante el asado. De ahí el término "salsa barbacoa". Pero usarla para eso es solo el comienzo..

El asunto es que esta famosa salsa la probé con casi todo lo que se me cruzó en el camino. Mis múltiples experimentaciones determinaron un par de usos prácticos para recetas que pueden salvarles en caso de tener visitas o, si no las tienen, en caso de querer comer algo típico con un leve toque distinto. Vamos a ellas...

Salsa de tallarines: Haz tu salsa de siempre. Agrégale los ingredientes clásicos (tomates, champiñones, pimentones, etc), pero agrégale, además, dos cucharadas soperas de salsa barbacoa. ¿Suena asqueroso? Sí, suena escalofriante, no voy a negarlo. Pero le dará un gusto diferente a tu salsa y esos aburri-tallarines volverán en gloria y majestad a tu mesa.

Salsa golf: Una porción de mayonesa, una porción de ketchup, media porción de mostaza y media porción de salsa barbacoa. Agitar, comer con papas fritas o cualquier agregado para picar. La salvación de la junta en casa improvisada, y los invitados quedarán felices. También sirve para aliñar ensaladas. ¡Dale a ese huevo duro un sabor diferente!

Champiñones: Esto es raro, pero vale la pena probarlo. Cuando sofrían sus champiñones, agréguenle dos cucharadas soperas de salsa barbacoa. Sofrían esos champiñones hasta el fondo, gracias a un poco de aceite y la salsa. El resultado: champiñones con un toque distinto, un poco más fuerte.

Alas de pollo: No he probado hacerlo en casa, pero las alas de pollo del "Pizza Pizza" (ex "Domino's Pizza") están envueltas en salsa barbacoa. Buen dato por si quieres probar tus alitas de siempre con un toque curioso.

Pizza: El último descubrimiento fue cuando con un grupo de amigos celebramos pidiendo unas pizzas, y la vegetariana que pedí, le agregué una delgada capa de salsa barbacoa (sí, experimentando, ya saben cómo es esto...). ¿El resultado? Increíble. Luego todos querían probar mi pizza, así que la próxima vez, nadie alegará cuando sean todas vegetarianas. La salsa barbacoa va a salvar la merienda.

Así, pues. Esa es la lista de lo que más me ha gustado de mi experimentación con la salsa barbacoa, pero eso no significa que no haya más. Siempre es bueno probar condimentos y, si metes la pata, lo peor que puede ocurrir es un almuerzo no tan excelente como lo habías imaginado. Lo mejor es una nueva receta en tu vida y poder disfrutar de algo rico muchas más veces.

¿Alguien conocía la salsa barbacoa? ¿Para qué la han usado?

Anímense. Compren una, experimenten condimentando sus alimentos y cuéntennos si valió la pena o si es el peor consejo que les han dado, desde que alguien les dijo: "rápate en invierno, serás el más cool del barrio".

Trabajar en el hogar es una bendición. Y lo digo sin exagerar, porque luego de estar un par de años en una oficina, me di cuenta que es la mejor opción para mí. Hay unos que le gusta transportarse a su lugar de trabajo y tener un jefe, yo amo no tener que ir a ningún lado y ser mi propia jefaza.

Me gusta disponer de mi tiempo y tomarme dos horas para el almuerzo; así puedo cocinar y comer con tranquilidad, y hacer que mi vuelta a la segunda patita del día sea menos traumática. Me gusta poder hacer trámites cuando quiera, me gusta dormir siesta si tengo sueñito.

Creo que el único inconveniente que le he encontrado últimamente a trabajar desde mi departamento es el no moverme mucho. ¿Cómo es eso de no moverme?

Cada vez que salgo y paso algunas horas sin comer, me arrepiento de no haber llevado una colación. Primero, porque me cuesta encontrar algo saludable en cualquier lugar y segundo, porque cuando por fin voy a almorzar o cenar, tengo tanta hambre que como desesperadamente, sin la conciencia y tranquilidad necesaria que requiere el acto de comer.

Por eso hoy quiero hablarles de dos cosas: la importancia de comer lento y algunas ideas de colaciones saludables.

Aunque muchas veces intento masticar bien y conectarme con lo que estoy comiendo, reconozco que es habitual que coma relativamente rápido. A veces más me dedico a hablar o a pensar, en vez de concentrarme en lo que como, pese a que estoy segura que el ser consciente en el acto de alimentarse hace una diferencia enorme.

En todos los textos que he revisado sobre alimentación, hablan de la importancia de masticar y salivar cada bocado que nos comemos. Esto es fundamental, pues en nuestra boca hay una serie de enzimas que comienzan a desarrollar el proceso digestivo. Si no masticamos bien, cuando el alimento llega al estómago a nuestro cuerpo le cuesta mucho más digerir el alimento. Y lo mismo ocurre con los líquidos. Es importante mantenerlos dentro de la boca unos segundos antes de tragarlos. Creo que por eso escuché una vez lo siguiente: Mastica cada bocado hasta que quede líquido y cada líquido mastícalo como un bocado.

El comer lento y mantener durante casi diez segundos la comida en la boca antes de tragar, no sólo nos ayuda en el proceso digestivo, sino que también nos satisface antes y nos permite conectarnos más con lo que comemos: sus texturas, cambios de sabores, olores, etc. Como ven, hay buenas razones para disfrutar lentamente una buena comida..

Y para no pasar hambre, como tantas veces me ha sucedido (y terminar tragando como desesperada cuando por fin estoy frente a un plato de comida), les recomiendo disponer y elaborar sus propias colaciones saludables. Por supuesto, cualquier fruta siempre será bienvenida, pero a continuación les presento otras ideas.


En pequeñas bolsas ziploc, puedo llevar cada día algo de lo siguiente:
Palitos de zanahoria pelada y apio.
Rábanos.
Pistachos sin sal, almendras, pasas, castañas de cajú o nueces (cualquiera de estos o la mezcla de varios, es siempre mi snack favorito).
Coco en trozos.
Cochayuyo crocante (es más rico de lo que piensas: ponlo en el horno en trozos pequeños y espera unos segundos hasta que suene como que revienta)
Frutas deshidratadas que no contengan azúcar ni preservantes.

Otras ideas, pero que ya es necesario llevar en envases son:
Mezcla de miel con polen de abejas.
Mezcla de miel con sésamo.

Así que ya saben. No vale la pena estar con hambre y terminar comiendo papas fritas. Es mejor prepararnos para cuando salgamos de casa y disfrutar de algo sano y con tiempo. ¿Se animan?

Soy un reformado adicto de las bebidas gaseosas. Es lo primero que deben saber. Ningún día estaba completo sin una bebida: podía ser una lata, una botella de medio o gran botella para acompañar la comida o el postre. Sí, yo era de esos.

Poco a poco he cambiado este (mal) hábito. No puedo decir que ya no tomo bebidas, pero sí lo hago sólo en casa ajenas cuando me ofrecen o en momentos muy especiales. Pero en términos generales, ya no tomo.

Entonces, ¿con qué acompañar las comidas? Bueno, los jugos en polvo me dan un poco de asco, así que ahora sólo bebo agua y jugos naturales. Mi relación con el agua era como con la hija fea del mejor amigo de tu papá: esa con la que todos te dicen que debes llevarte bien, pero no te gusta ni por si acaso. Poco a poco me he reencontrado con esa amiga fea y he descubierto sus propiedades. Pero también hay muchos mitos en torno a ella.

Hace algunos días venía pensando sobre qué tema escribir y, por casualidad, en la semana conversé con dos chicas distintas sobre la soya. Entonces, recordé que hace tiempo lo tenía pendiente... Para los veganos puede ser un tema controvertido. Especialmente para aquellos que basan gran parte de su alimentación en la soya, la cual ya se ha comprobado, no es saludable en todas sus formas.
Me imagino que muchos de ustedes han escuchado hablar del omega 3. Incluso pareciera estar de moda. La industria alimentaria ofrece una serie de productos que contienen omega 3 añadido. Sin embargo, pienso que es necesario comprender la importancia de este ácido graso esencial y cuáles son las mejores formas de obtenerlo.

Hoy, más que hablarles de un tema en especial, me interesa compartir una serie de recetas sencillas que he hecho y me parecen muy buenas, fáciles de hacer y saludables, especiales para esos desayunos en que quieres probar algo diferente.

A continuación, mis propuestas, paso a paso...

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