Mi padre, hace muchos muchos años atrás, ganó una beca. Mi hermana mayor y mis padres partieron a Alemania por 8 años, lugar también donde nació mi hermano mayor. De ese viaje resultaron dos cosas: mi nacimiento (nací a penas volvieron a Chile) y miles de libros de repostería alemana.

Así que, crecí entremedio de villancicos navideños en alemán y la maravillosa tradición de hornear y cocinar repostería desde pequeñita. De aquí a la razón de estas galletas: las horneo desde que tengo 11 años y han sido un milagro solucionador de regalos a última hora, cooperaciones para onces e incluso hubo un tiempo en que las vendí en mi colegio para recaudar platita para mi viaje de estudio.

En resumen, son lo máximo. ¡Y lo mejor de todo es que son exquisitas! Aquí les digo cómo se hacen paso a paso, como siempre. Si la pequeña Fran de 11 años podía hacerlas, ¿cómo ustedes no?

Esta es una de mis recetas favoritas de galletas. Me han salvado de muchas visitas inesperadas y son perfectas para regalar en Navidad o algún cumpleaños. La receta en sí puede modificarse según los ingredientes que tengas en casa, así que no hay excusa para no hacerlas! Ojalá se animen.

Aquí van los ingredientes.

Hoy mi madre me llamó y me pidió que la fuese a ver. "Haré sopaipillas y te puede servir para tu blog". ¿Y cómo no? Los días están fríos, anuncian lluvia para varias regiones de este lindo y alargado país, y su dulce proposición me cayó de pelos.

Mi percepción de las sopaipillas era bastante básica: son ricas, se comen en invierno y es receta que sólo pueden hacer madres o abuelitas. En mi mente éste plato tan típico y popular nacional era complejo y de ciencia avanzada. Error: se sorprenderán de lo fáciles que son de hacer. No se lo pierda, que a mi ya se me hace agua la boca.

Ok, no sé que sucedió pero este brownie dejó la escoba entre mis conocidos, amigos y familiares. Si no pregúntenle a Edo quien se lo comió feliz a todas las horas de comida y formó parte de su pirámide alimenticia por 4 días. (comentario de Edo al momento de editar el texto: sí, es verdad...)

La historia es así: inocentemente, buscaba una linda receta para pasar un lindo rato luego de llegar del trabajo, idealmente tener algo rico para la once experimentar con algo que nunca había hecho antes: brownie.

¿Y qué pasa? Amigos adictos, receta ridículamente sencilla y ya me están convenciendo de que la haga de nuevo. Lo siento lectores, esto debo compartirlo, me lo agradecerán.

Mientras en Berlín estamos teniendo cálidas temperaturas, yo sé que mis queridos lectores de ViviendoSolo están siendo azotados (qué palabra más dramática) por un intenso frío, muy propio del comienzo del invierno.

Y como mucho no puedo hacer desde aquí salvo darles ánimo (¡ánimoo!) se me ocurrió buscar alguna receta invernal deliciosa que llene su hogar de cálidos olorcitos de canela y clavo de olor. Y me di con la sorpresa de que aun no habíamos subido la exquisita receta de Arroz con Leche.

La idea de preparar esta receta viene desde hace varias semanas atrás. Hoy en Berlín acaba de nevar por primera vez este año, así que creo que los animos de hornear estan a flor de piel. 

Aun recuerdo la primera vez que hice esta receta hace un año atrás: era mi primera vez preparando un pan de pascua e investigar cuál era la mejor receta no fue sencillo. Las recetas que merodean en mi familia son recetas bastante complejas de hacer; muchas de ellas deben prepararse desde el día anterior y otras son realmente sofisticadas, tienen ingredientes costosos o que no se encuentran en un supermercado vecino.

Después de mucho buscar, creo que di en el clavo.

En mi búsqueda incansable por nuevas recetas, encontré estas mini tartaletas, que además de ser veganas, son muy rápidas de hacer, tanto que las puedes preparar media hora antes de tomar el té o incluso para el desayuno del fin de semana. Siempre me alegro cuando encuentro recetas tan sencillas como estas, y sobre todo bastantes sanas para ser dulces, hacen que uno no se sienta tan culpable a la hora de ese bajoncito de medianoche.

¡Hola mis nerds amados!

Perdonen esto de mi desaparición por todas partes, pero me vino a ver mi madre y, para su llegada, se me ocurrió hacer este queque de chocolate a modo de bienvenida. Esta receta, mis queridos lectores, es muy parecida a la receta del muy famoso queque de plátano que subimos una vez. La diferencia es que no lleva plátanos y hay que agregar dos ingredientes: chips de chocolate y chocolate en polvo. Aquí les digo más de este asunto.

Ahora que se acerca la pascua*, se me ocurrió que podía hacer un queque otoñal de zanahorias con nueces. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero me acordé del conejo que tanto esfuerzo tiene que hacer poniendo huevos por ahí y, tal como se le dejan galletas al viejo pascuero, yo le dejaré queque al conejo.

En fin, el punto es que la receta es demasiado fácil, y no necesitan cosas tan rebuscadas. Ya verán.

Esta torta es ideal para esos días en que uno realmente sueña con sumergirse en una tina de chocolate. De escencia pecaminosa y adictiva, ésta preparación satisface cualquier antojo de azúcares, grasas y chocolate, por lo tanto, si está en modo dieta para los calores que ya se instalan en ésta zona del hemisferio, deje de leer inmediatamente. Si no, lo invito a embetunarse, raspar el bowl con restos de masa y disfrutar de uno de los placeres máximos de ésta vida.
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