La idea de preparar esta receta viene desde hace varias semanas atrás. Hoy en Berlín acaba de nevar por primera vez este año, así que creo que los animos de hornear estan a flor de piel. 

Aun recuerdo la primera vez que hice esta receta hace un año atrás: era mi primera vez preparando un pan de pascua e investigar cuál era la mejor receta no fue sencillo. Las recetas que merodean en mi familia son recetas bastante complejas de hacer; muchas de ellas deben prepararse desde el día anterior y otras son realmente sofisticadas, tienen ingredientes costosos o que no se encuentran en un supermercado vecino.

Después de mucho buscar, creo que di en el clavo.

Ayer teníamos el panorama perfecto: yo venía llegando de un día agotador en el trabajo, a Edo se le ocurrió descargar un documental y los dos (por fin) teníamos tiempo para disfrutar de la tranquilidad. El problema es que justo estábamos en esos días en que nada en el refrigerador era muy motivante para comer y queríamos hacer algo rico y fácil que acompañara nuestro panorama. Y ahí se me prendió la ampolleta: pizza.

Como estamos tratando de ahorrar, se nos ocurrió hacer la pizza nosotros mismos. De mucho buscar por internet llegué a una receta para masa de pizza en la web de revista Paula, así que todos los créditos se van para allá ya que la masa es increíblemente fácil y (de verdad) rápida de hacer.

Si quieres ahorrar e igualmente comer rico, sorprender a comensales o innovar en la masa de pizza tradicional, ¡este post es para tí!

Amo esta receta de galletas. Mi madre religiosamente se pide 2 días de vacaciones antes de Navidad y se la pasa todo el día horneando estas deliciosas galletas en su casa. La tradición partió un año en que mi familia fue brutalmente azotada por una crisis económica y mi madre sin ni un peso para dar regalos, se le ocurrió hacer una bolsa de galletitas por cada familia. Hoy la tradición sigue en pie y sus galletas son esperadas con ansias.

Así que amigo mío, lector fiel, si usted es de los muchos con pocos pesos, pero quiere hacer un bello regalo hecho a mano; o por el contrario va de visita a casa de un familiar para estas fiestas y no quiere llegar con las manos vacías, esta receta es especial para regalar o recibir a nuestros seres queridos.

Manos a la obra!

Fácil-fácil-fácil. Son tres palabras para describirla. Aún así, la lasgna te hará quedar como rey/reina frente a visitas, familiares, en una comida romántica o, simplemente, cuando quieras comer algo delicioso. No sea leso y aprenda cómo hacerla.

Esta sopa es lo máximo. La inventé a finales de invierno, una noche fresca en donde mucho no había para comer, y con Edo hace pocos días nos enteramos que comer pesado en la noche hace pésimo para la salud, así que decidimos cenar algo liviano.

Mi prontuario de sopas no había sido muy bueno hasta el momento. Mis mejores intentos siempre estaban ligados con las legumbres, departamento en que me va bien culinariamente hablando. ¿Pero sopas? No señor.

Pero un día, luego de varios intentos, me resultó. Y sería egoísta de mi parte no compartir el secreto porque, para qué estamos con cosas: lo bueno debe ser repartido.

Aquí va la receta

Lo primero que debo advertirles es que estas papas son altamente adictivas. En primer lugar, por su increíble aroma, y segundo por lo fáciles que son de hacer. Por lo mismo, son geniales para comerlas al almuerzo, o para sorprender a los amigos con estas papas a modo de snack casero. Cada vez que las preparo recibo muchos cumplidos, jeje.

Hace un par años atrás la leche de vaca me empezó a caer mal. Esto fue mucho antes de ser vegana: todo esto ocurrió cuando el estrés laboral (el nerviosismo, las pocas horas de sueño y la gran demanda de mis jefes) de la mano de un café, dejaban mi frágil estómago para la historia. 

Entonces de a poco fui investigando otras opciones de lácteos, que no vinieran de la amiga vaca. Como nunca he sido muy fan de la leche de soya (hasta que me recomendaron la leche Silk, que es maravillosa) tenía que encontrar una versión que me gustara e idealmente que pudiese fabricar en casa.

Aquí les cuento como me fue.

En las oficinas de Viviendosolo (o sea Edo y yo) nos preocupamos mucho de tu alimentación. Y como supuestamente tenemos que comer legumbres al menos dos veces a la semana y no queremos que comas porquerías ni comida instantánea siempre, aquí te damos la simple, fantástica y personalizable receta de lentejas.

Ahora he estado adicta a comer choclo con mantequilla. La receta es tan fácil que ni siquiera debería ser subida al sitio. Pero como enseñamos todo para ser un experto en el cómo-vivir-solo, aquí va:

Hoy mi madre me llamó y me pidió que la fuese a ver. "Haré sopaipillas y te puede servir para tu blog". ¿Y cómo no? Los días están fríos, anuncian lluvia para varias regiones de este lindo y alargado país, y su dulce proposición me cayó de pelos.

Mi percepción de las sopaipillas era bastante básica: son ricas, se comen en invierno y es receta que sólo pueden hacer madres o abuelitas. En mi mente éste plato tan típico y popular nacional era complejo y de ciencia avanzada. Error: se sorprenderán de lo fáciles que son de hacer. No se lo pierda, que a mi ya se me hace agua la boca.

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