El artículo y la ilustración de hoy son de nuestra super-lectora, Angy. ¡Muchas gracias por el aporte!

Generalmente, es como un tabú: arreglarse, salir a un restaurant (o café, aunque ahí es más común), sentarse y tener una cena... solo.

Trabajar en el hogar es una bendición. Y lo digo sin exagerar, porque luego de estar un par de años en una oficina, me di cuenta que es la mejor opción para mí. Hay unos que le gusta transportarse a su lugar de trabajo y tener un jefe, yo amo no tener que ir a ningún lado y ser mi propia jefaza.

Me gusta disponer de mi tiempo y tomarme dos horas para el almuerzo; así puedo cocinar y comer con tranquilidad, y hacer que mi vuelta a la segunda patita del día sea menos traumática. Me gusta poder hacer trámites cuando quiera, me gusta dormir siesta si tengo sueñito.

Creo que el único inconveniente que le he encontrado últimamente a trabajar desde mi departamento es el no moverme mucho. ¿Cómo es eso de no moverme?

Cada vez que salgo y paso algunas horas sin comer, me arrepiento de no haber llevado una colación. Primero, porque me cuesta encontrar algo saludable en cualquier lugar y segundo, porque cuando por fin voy a almorzar o cenar, tengo tanta hambre que como desesperadamente, sin la conciencia y tranquilidad necesaria que requiere el acto de comer.

Por eso hoy quiero hablarles de dos cosas: la importancia de comer lento y algunas ideas de colaciones saludables.

Aunque muchas veces intento masticar bien y conectarme con lo que estoy comiendo, reconozco que es habitual que coma relativamente rápido. A veces más me dedico a hablar o a pensar, en vez de concentrarme en lo que como, pese a que estoy segura que el ser consciente en el acto de alimentarse hace una diferencia enorme.

En todos los textos que he revisado sobre alimentación, hablan de la importancia de masticar y salivar cada bocado que nos comemos. Esto es fundamental, pues en nuestra boca hay una serie de enzimas que comienzan a desarrollar el proceso digestivo. Si no masticamos bien, cuando el alimento llega al estómago a nuestro cuerpo le cuesta mucho más digerir el alimento. Y lo mismo ocurre con los líquidos. Es importante mantenerlos dentro de la boca unos segundos antes de tragarlos. Creo que por eso escuché una vez lo siguiente: Mastica cada bocado hasta que quede líquido y cada líquido mastícalo como un bocado.

El comer lento y mantener durante casi diez segundos la comida en la boca antes de tragar, no sólo nos ayuda en el proceso digestivo, sino que también nos satisface antes y nos permite conectarnos más con lo que comemos: sus texturas, cambios de sabores, olores, etc. Como ven, hay buenas razones para disfrutar lentamente una buena comida..

Y para no pasar hambre, como tantas veces me ha sucedido (y terminar tragando como desesperada cuando por fin estoy frente a un plato de comida), les recomiendo disponer y elaborar sus propias colaciones saludables. Por supuesto, cualquier fruta siempre será bienvenida, pero a continuación les presento otras ideas.


En pequeñas bolsas ziploc, puedo llevar cada día algo de lo siguiente:
Palitos de zanahoria pelada y apio.
Rábanos.
Pistachos sin sal, almendras, pasas, castañas de cajú o nueces (cualquiera de estos o la mezcla de varios, es siempre mi snack favorito).
Coco en trozos.
Cochayuyo crocante (es más rico de lo que piensas: ponlo en el horno en trozos pequeños y espera unos segundos hasta que suene como que revienta)
Frutas deshidratadas que no contengan azúcar ni preservantes.

Otras ideas, pero que ya es necesario llevar en envases son:
Mezcla de miel con polen de abejas.
Mezcla de miel con sésamo.

Así que ya saben. No vale la pena estar con hambre y terminar comiendo papas fritas. Es mejor prepararnos para cuando salgamos de casa y disfrutar de algo sano y con tiempo. ¿Se animan?

Los refinados... me gustan pero me asustan

Durante muchos años comí, al menos una vez al día, algo de esto: pizza, tallarines, arroz blanco, marrauqueta tostada, queque, helado, mmm... unas galletitas.

La alimentación es un gran tema dentro de nuestra rutina. Aunque no lo queramos, nuestra manera de comer afecta directamente nuestro ánimo, energía y (por supuesto) la salud, tal como me pasó a mí apenas me fui de la casa de mami. Y eso es porque la desorganización, la falta de infraestructura (como refrigerador), la falta de tiempo y (no puedo hacerme la lesa en esto), la flojera, hicieron que engordara un par de kilos, que aún hoy, un año y medio después, me penan de manera importante.

Muchas veces se piensa que comer saludable es fome y desabrido. Que por falta de frituras, azúcar y refinados, la alimentación es una verdadera lata. Sin embargo, creo que puede ser todo lo contrario: una experiencia de nuevos sabores y creatividad.

Hace algunos días venía pensando sobre qué tema escribir y, por casualidad, en la semana conversé con dos chicas distintas sobre la soya. Entonces, recordé que hace tiempo lo tenía pendiente... Para los veganos puede ser un tema controvertido. Especialmente para aquellos que basan gran parte de su alimentación en la soya, la cual ya se ha comprobado, no es saludable en todas sus formas.

Les presento el cuscús, también llamado "cous cous", "alcuzcuz" o "kuskūs".

Hoy, más que hablarles de un tema en especial, me interesa compartir una serie de recetas sencillas que he hecho y me parecen muy buenas, fáciles de hacer y saludables, especiales para esos desayunos en que quieres probar algo diferente.

A continuación, mis propuestas, paso a paso...

Ya lo sé. Puede que muchos de ustedes lo sepan, pero nunca está demás recordarlo: controlar y conocer las porciones de lo que comemos nos ayuda a evitar tener que botar comida innecesariamente porque cocinamos de más.

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