Hoy existen numerosas corrientes de alimentación, algunas con similitudes y otras bastante contradictorias entre sí: Paleo, macrobiótica, ayurvédica, dieta alcalina, etc., podría nombrar muchas más. Sin embargo, tras leer libros, papers y artículos sobre alimentación saludable, me quedo con algunas cosas que considero fundamentales y en las cuales varias líneas coinciden. Hoy, hablaré sobre una de ellas.

Hace un par años atrás la leche de vaca me empezó a caer mal. Esto fue mucho antes de ser vegana: todo esto ocurrió cuando el estrés laboral (el nerviosismo, las pocas horas de sueño y la gran demanda de mis jefes) de la mano de un café, dejaban mi frágil estómago para la historia. 

Entonces de a poco fui investigando otras opciones de lácteos, que no vinieran de la amiga vaca. Como nunca he sido muy fan de la leche de soya (hasta que me recomendaron la leche Silk, que es maravillosa) tenía que encontrar una versión que me gustara e idealmente que pudiese fabricar en casa.

Aquí les cuento como me fue.

La alimentación es un gran tema dentro de nuestra rutina. Aunque no lo queramos, nuestra manera de comer afecta directamente nuestro ánimo, energía y (por supuesto) la salud, tal como me pasó a mí apenas me fui de la casa de mami. Y eso es porque la desorganización, la falta de infraestructura (como refrigerador), la falta de tiempo y (no puedo hacerme la lesa en esto), la flojera, hicieron que engordara un par de kilos, que aún hoy, un año y medio después, me penan de manera importante.
Hace algunos días venía pensando sobre qué tema escribir y, por casualidad, en la semana conversé con dos chicas distintas sobre la soya. Entonces, recordé que hace tiempo lo tenía pendiente... Para los veganos puede ser un tema controvertido. Especialmente para aquellos que basan gran parte de su alimentación en la soya, la cual ya se ha comprobado, no es saludable en todas sus formas.
Me llamo Tatiana (Tati), soy periodista y por ahora vivo en Boston. Hace tres años que soy una motivada por los temas de salud y nutrición. Entre lecturas varias, asesorías, datos y encuentros con otros interesados igual que yo, creo que tengo bastante material para compartir y quiero hacerlo con ustedes, en una serie de columnas acerca de vivir sano.

Si crees que comes sano porque entre tus alimentos no está la sal, azúcar, ni grasas, pero sí el pan integral, margarina, jamón de pavo, endulzantes, arroz, yogurt y coca light, creo que tenemos mucho de qué hablar...

Los refinados... me gustan pero me asustan

Durante muchos años comí, al menos una vez al día, algo de esto: pizza, tallarines, arroz blanco, marrauqueta tostada, queque, helado, mmm... unas galletitas.

El artículo y la ilustración de hoy son de nuestra super-lectora, Angy. ¡Muchas gracias por el aporte!

Generalmente, es como un tabú: arreglarse, salir a un restaurant (o café, aunque ahí es más común), sentarse y tener una cena... solo.

Les presento el cuscús, también llamado "cous cous", "alcuzcuz" o "kuskūs".

Muchas veces se piensa que comer saludable es fome y desabrido. Que por falta de frituras, azúcar y refinados, la alimentación es una verdadera lata. Sin embargo, creo que puede ser todo lo contrario: una experiencia de nuevos sabores y creatividad.

Ayer en la tarde fui de compras al supermercado y después de una larga jornada de trabajo tenía demasiada hambre, porque olvidé llevarme una colación, entonces, no pude evitar pasar por un restaurante thai que estaba en el camino.

Hasta aquí, ya van dos errores...

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