Hoy mi madre me llamó y me pidió que la fuese a ver. "Haré sopaipillas y te puede servir para tu blog". ¿Y cómo no? Los días están fríos, anuncian lluvia para varias regiones de este lindo y alargado país, y su dulce proposición me cayó de pelos.

Mi percepción de las sopaipillas era bastante básica: son ricas, se comen en invierno y es receta que sólo pueden hacer madres o abuelitas. En mi mente éste plato tan típico y popular nacional era complejo y de ciencia avanzada. Error: se sorprenderán de lo fáciles que son de hacer. No se lo pierda, que a mi ya se me hace agua la boca.

Mientras en Berlín estamos teniendo cálidas temperaturas, yo sé que mis queridos lectores de ViviendoSolo están siendo azotados (qué palabra más dramática) por un intenso frío, muy propio del comienzo del invierno.

Y como mucho no puedo hacer desde aquí salvo darles ánimo (¡ánimoo!) se me ocurrió buscar alguna receta invernal deliciosa que llene su hogar de cálidos olorcitos de canela y clavo de olor. Y me di con la sorpresa de que aun no habíamos subido la exquisita receta de Arroz con Leche.

La idea de preparar esta receta viene desde hace varias semanas atrás. Hoy en Berlín acaba de nevar por primera vez este año, así que creo que los animos de hornear estan a flor de piel. 

Aun recuerdo la primera vez que hice esta receta hace un año atrás: era mi primera vez preparando un pan de pascua e investigar cuál era la mejor receta no fue sencillo. Las recetas que merodean en mi familia son recetas bastante complejas de hacer; muchas de ellas deben prepararse desde el día anterior y otras son realmente sofisticadas, tienen ingredientes costosos o que no se encuentran en un supermercado vecino.

Después de mucho buscar, creo que di en el clavo.

Esta torta es ideal para esos días en que uno realmente sueña con sumergirse en una tina de chocolate. De escencia pecaminosa y adictiva, ésta preparación satisface cualquier antojo de azúcares, grasas y chocolate, por lo tanto, si está en modo dieta para los calores que ya se instalan en ésta zona del hemisferio, deje de leer inmediatamente. Si no, lo invito a embetunarse, raspar el bowl con restos de masa y disfrutar de uno de los placeres máximos de ésta vida.

Esta es una de mis recetas favoritas de galletas. Me han salvado de muchas visitas inesperadas y son perfectas para regalar en Navidad o algún cumpleaños. La receta en sí puede modificarse según los ingredientes que tengas en casa, así que no hay excusa para no hacerlas! Ojalá se animen.

Aquí van los ingredientes.

¡Hola mis nerds amados!

Perdonen esto de mi desaparición por todas partes, pero me vino a ver mi madre y, para su llegada, se me ocurrió hacer este queque de chocolate a modo de bienvenida. Esta receta, mis queridos lectores, es muy parecida a la receta del muy famoso queque de plátano que subimos una vez. La diferencia es que no lleva plátanos y hay que agregar dos ingredientes: chips de chocolate y chocolate en polvo. Aquí les digo más de este asunto.

El verano es inminente. Vengo llegando de una reunión y aun me cuesta creer el calor que hace allá afuera (al menos aquí en Santiago, suertudos los del sur).

Llegué a casa y se me antojó un helado hecho por mí. Cuando lo hagan no van a creer lo rico que es y tampoco van a creer los ingredientes que usé.

Amo esta receta. Si bien la compota es conocida como un postre más otoñal, esta receta es perfectamente hacible en primavera-verano. Créame no más: un ratito de esta dulce compota al refrigerador y violá! Un snack saludable y fresco para estos días de verano que se aproximan.

¿Y hablemos de la canela? ¿Es muy pronto para mencionar Navidad? Este postre dejará un bello y hogareño aroma a canela y clavo de olor hasta en el más inhóspito de los hogares. ¿No me cree? 

Ok, no sé que sucedió pero este brownie dejó la escoba entre mis conocidos, amigos y familiares. Si no pregúntenle a Edo quien se lo comió feliz a todas las horas de comida y formó parte de su pirámide alimenticia por 4 días. (comentario de Edo al momento de editar el texto: sí, es verdad...)

La historia es así: inocentemente, buscaba una linda receta para pasar un lindo rato luego de llegar del trabajo, idealmente tener algo rico para la once experimentar con algo que nunca había hecho antes: brownie.

¿Y qué pasa? Amigos adictos, receta ridículamente sencilla y ya me están convenciendo de que la haga de nuevo. Lo siento lectores, esto debo compartirlo, me lo agradecerán.

Era un jueves antes de almuerzo. Esas horas muertas en que mucho en la pega no hay que avanzar: todos miran el reloj contando los minutos para comer y hasta las tripas del menos goloso suenan en la oficina.

Me hallaba yo con la vista hundida en las pasadas ediciones de la revista nacional Paula, cuando encontré esta maravillosa receta: queque de limón. Tate. Tenía las ganas acumuladas hace varios días de llegar a casa luego de un cansador y largo día de trabajo para perderme entre harina, mantequilla, huevos y vainilla, hornear algo rico y (de paso) sorprender a mi hombre. Ah y sorprender también a mi amiga Monse que me vino a ver en cuanto supo que haría algo rico para la once.

Sin más que agregar, vamos a los ingredientes:

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