Hoy mi madre me llamó y me pidió que la fuese a ver. "Haré sopaipillas y te puede servir para tu blog". ¿Y cómo no? Los días están fríos, anuncian lluvia para varias regiones de este lindo y alargado país, y su dulce proposición me cayó de pelos.

Mi percepción de las sopaipillas era bastante básica: son ricas, se comen en invierno y es receta que sólo pueden hacer madres o abuelitas. En mi mente éste plato tan típico y popular nacional era complejo y de ciencia avanzada. Error: se sorprenderán de lo fáciles que son de hacer. No se lo pierda, que a mi ya se me hace agua la boca.

Mientras en Berlín estamos teniendo cálidas temperaturas, yo sé que mis queridos lectores de ViviendoSolo están siendo azotados (qué palabra más dramática) por un intenso frío, muy propio del comienzo del invierno.

Y como mucho no puedo hacer desde aquí salvo darles ánimo (¡ánimoo!) se me ocurrió buscar alguna receta invernal deliciosa que llene su hogar de cálidos olorcitos de canela y clavo de olor. Y me di con la sorpresa de que aun no habíamos subido la exquisita receta de Arroz con Leche.
¡Hola mis nerds amados!

Perdonen esto de mi desaparición por todas partes, pero me vino a ver mi madre y, para su llegada, se me ocurrió hacer este queque de chocolate a modo de bienvenida. Esta receta, mis queridos lectores, es muy parecida a la receta del muy famoso queque de plátano que subimos una vez. La diferencia es que no lleva plátanos y hay que agregar dos ingredientes: chips de chocolate y chocolate en polvo. Aquí les digo más de este asunto.

Amo esta receta. Si bien la compota es conocida como un postre más otoñal, esta receta es perfectamente hacible en primavera-verano. Créame no más: un ratito de esta dulce compota al refrigerador y violá! Un snack saludable y fresco para estos días de verano que se aproximan.

¿Y hablemos de la canela? ¿Es muy pronto para mencionar Navidad? Este postre dejará un bello y hogareño aroma a canela y clavo de olor hasta en el más inhóspito de los hogares. ¿No me cree? 

Amo esta receta de galletas. Mi madre religiosamente se pide 2 días de vacaciones antes de Navidad y se la pasa todo el día horneando estas deliciosas galletas en su casa. La tradición partió un año en que mi familia fue brutalmente azotada por una crisis económica y mi madre sin ni un peso para dar regalos, se le ocurrió hacer una bolsa de galletitas por cada familia. Hoy la tradición sigue en pie y sus galletas son esperadas con ansias.

Así que amigo mío, lector fiel, si usted es de los muchos con pocos pesos, pero quiere hacer un bello regalo hecho a mano; o por el contrario va de visita a casa de un familiar para estas fiestas y no quiere llegar con las manos vacías, esta receta es especial para regalar o recibir a nuestros seres queridos.

Manos a la obra!

Esta es una de mis recetas favoritas de galletas. Me han salvado de muchas visitas inesperadas y son perfectas para regalar en Navidad o algún cumpleaños. La receta en sí puede modificarse según los ingredientes que tengas en casa, así que no hay excusa para no hacerlas! Ojalá se animen.

Aquí van los ingredientes.

Mi padre, hace muchos muchos años atrás, ganó una beca. Mi hermana mayor y mis padres partieron a Alemania por 8 años, lugar también donde nació mi hermano mayor. De ese viaje resultaron dos cosas: mi nacimiento (nací a penas volvieron a Chile) y miles de libros de repostería alemana.

Así que, crecí entremedio de villancicos navideños en alemán y la maravillosa tradición de hornear y cocinar repostería desde pequeñita. De aquí a la razón de estas galletas: las horneo desde que tengo 11 años y han sido un milagro solucionador de regalos a última hora, cooperaciones para onces e incluso hubo un tiempo en que las vendí en mi colegio para recaudar platita para mi viaje de estudio.

En resumen, son lo máximo. ¡Y lo mejor de todo es que son exquisitas! Aquí les digo cómo se hacen paso a paso, como siempre. Si la pequeña Fran de 11 años podía hacerlas, ¿cómo ustedes no?

Café y mantequilla, ambos irremplazables, creo que son los placeres más culposos de mi dieta cotidiana, así es que cuando vi esta receta original de la Nigella Lawson, me enamoré perdidamente. Los dos ingredientes juntos en perfecta armonía. Simplemente brillante.

A pesar de mi admiración por las recetas de Nigella, creí necesarios algunos cambios, mínimos pero cambios al fin y creo haber logrado lo que quería. Ojalá lo disfruten tanto como yo.

Ahora que se acerca la pascua*, se me ocurrió que podía hacer un queque otoñal de zanahorias con nueces. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero me acordé del conejo que tanto esfuerzo tiene que hacer poniendo huevos por ahí y, tal como se le dejan galletas al viejo pascuero, yo le dejaré queque al conejo.

En fin, el punto es que la receta es demasiado fácil, y no necesitan cosas tan rebuscadas. Ya verán.

En mi búsqueda incansable por nuevas recetas, encontré estas mini tartaletas, que además de ser veganas, son muy rápidas de hacer, tanto que las puedes preparar media hora antes de tomar el té o incluso para el desayuno del fin de semana. Siempre me alegro cuando encuentro recetas tan sencillas como estas, y sobre todo bastantes sanas para ser dulces, hacen que uno no se sienta tan culpable a la hora de ese bajoncito de medianoche.

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