Siempre he sido bastante fanática de la repostería. Y como generalmente le saco pica a la gente de mi twitter con fotos de las cosas que preparo para otros, muchos me han pedido la receta de lo que horneo. Siendo la repostería algo relativamente fácil, relajante, al alcance de cualquier bolsillo, perfecta sorpresa para todo el mundo (su pareja, pinche, familia y compañeros de trabajo, estudio... en fin, para todo aquel que tenga boca y le guste comer algo dulce y rico) me sorprende que aun así la gente prefiere comprarla hecha.
 Bueno, para desmitificar esa horrible concepción que hacer pasteles es algo complejo y altamente demandante de tiempo, es que decidí comenzar esta pequeña sección de Repostería para Zoquetes.

Amo los hotcakes. Y los amo, porque son increíblemente fáciles de hacer aunque parezcan una maravilla culinaria. Siempre que los preparo quedo como reina, y la gente me dice que soy genial, la mejor y que cómo no tengo un programa de cocina en Utilísima. Bueno, la verdad es que nunca me han dicho eso, pero sí quedo como reina.

Si tienen muchos comensales a desayunar, están hartos de las tostadas mañaneras o simplemente es fin de semana y quieren hacer algo especial, esta receta damas y caballeros, es para ustedes.

Mi padre, hace muchos muchos años atrás, ganó una beca. Mi hermana mayor y mis padres partieron a Alemania por 8 años, lugar también donde nació mi hermano mayor. De ese viaje resultaron dos cosas: mi nacimiento (nací a penas volvieron a Chile) y miles de libros de repostería alemana.

Así que, crecí entremedio de villancicos navideños en alemán y la maravillosa tradición de hornear y cocinar repostería desde pequeñita. De aquí a la razón de estas galletas: las horneo desde que tengo 11 años y han sido un milagro solucionador de regalos a última hora, cooperaciones para onces e incluso hubo un tiempo en que las vendí en mi colegio para recaudar platita para mi viaje de estudio.

En resumen, son lo máximo. ¡Y lo mejor de todo es que son exquisitas! Aquí les digo cómo se hacen paso a paso, como siempre. Si la pequeña Fran de 11 años podía hacerlas, ¿cómo ustedes no?

La idea de preparar esta receta viene desde hace varias semanas atrás. Hoy en Berlín acaba de nevar por primera vez este año, así que creo que los animos de hornear estan a flor de piel. 

Aun recuerdo la primera vez que hice esta receta hace un año atrás: era mi primera vez preparando un pan de pascua e investigar cuál era la mejor receta no fue sencillo. Las recetas que merodean en mi familia son recetas bastante complejas de hacer; muchas de ellas deben prepararse desde el día anterior y otras son realmente sofisticadas, tienen ingredientes costosos o que no se encuentran en un supermercado vecino.

Después de mucho buscar, creo que di en el clavo.

El verano es inminente. Vengo llegando de una reunión y aun me cuesta creer el calor que hace allá afuera (al menos aquí en Santiago, suertudos los del sur).

Llegué a casa y se me antojó un helado hecho por mí. Cuando lo hagan no van a creer lo rico que es y tampoco van a creer los ingredientes que usé.

Esta es una de mis recetas favoritas de galletas. Me han salvado de muchas visitas inesperadas y son perfectas para regalar en Navidad o algún cumpleaños. La receta en sí puede modificarse según los ingredientes que tengas en casa, así que no hay excusa para no hacerlas! Ojalá se animen.

Aquí van los ingredientes.

Lo primero que debo advertirles es que estas papas son altamente adictivas. En primer lugar, por su increíble aroma, y segundo por lo fáciles que son de hacer. Por lo mismo, son geniales para comerlas al almuerzo, o para sorprender a los amigos con estas papas a modo de snack casero. Cada vez que las preparo recibo muchos cumplidos, jeje.

Esta sopa es lo máximo. La inventé a finales de invierno, una noche fresca en donde mucho no había para comer, y con Edo hace pocos días nos enteramos que comer pesado en la noche hace pésimo para la salud, así que decidimos cenar algo liviano.

Mi prontuario de sopas no había sido muy bueno hasta el momento. Mis mejores intentos siempre estaban ligados con las legumbres, departamento en que me va bien culinariamente hablando. ¿Pero sopas? No señor.

Pero un día, luego de varios intentos, me resultó. Y sería egoísta de mi parte no compartir el secreto porque, para qué estamos con cosas: lo bueno debe ser repartido.

Aquí va la receta

Hoy mi madre me llamó y me pidió que la fuese a ver. "Haré sopaipillas y te puede servir para tu blog". ¿Y cómo no? Los días están fríos, anuncian lluvia para varias regiones de este lindo y alargado país, y su dulce proposición me cayó de pelos.

Mi percepción de las sopaipillas era bastante básica: son ricas, se comen en invierno y es receta que sólo pueden hacer madres o abuelitas. En mi mente éste plato tan típico y popular nacional era complejo y de ciencia avanzada. Error: se sorprenderán de lo fáciles que son de hacer. No se lo pierda, que a mi ya se me hace agua la boca.

El tofu es un quesillo de soya que suena como a comida de personajes de película oriental. Antes de dejar la carne, no tenía idea qué era ni cómo se cocinaba. La primera vez lo compré y se lo eché al pan, comiéndolo como quesillo. Fran lo comía así, por lo tanto, pensé que no podía ser tan malo. Pero sí, eran tan malo y peor. De ahí en adelante, cada vez que escuchaba a alguien decir que se podía hacer "un sándwich con tofu" pensaba que era la peor idea del mundo. Sin embargo, no sabía que el tofu es un alimento extremadamente moldeable en cuando a sabor y textura.

Para que su experiencia con el tofu sea mucho mejor que la mía, aquí les dejo una de tantas recetas posibles.

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