EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro siempre complicado protagonista recibió la noticia que su hermano sería padre, que Josh se irá a vivir solo, que Lisa volvió a hacer stand-up y que Bruce Willis estaba muerto al final de El Sexto Sentido. Con una revelación de dicha magnitud, se ha preparado psicológicamente para terminar esta columna.

Soy pésimo haciendo discursos de despedida, frases emotivas o recuentos de cosas. En parte ese fue uno de los motivos por los cuales entré a un taller de escritura en Santiago y a las clases de stand-up en Nueva York. Cuando escribo, tiendo a hacerlo sobre las cosas que me pasan. Quizás soy poco imaginativo y no sé hacer personajes ni inventar grandes historias. O quizás, simplemente, me gusta que la vida sea, en si misma, algo interesante que contar. Eso a veces tiene consecuencias, claro. Por ejemplo, este último capítulo. En todas las películas y libros que he leído, los autores se guardan lo mejor para el final. Una revelación, una idea sorprendente, un mensaje. Algo. Pero pienso que no tengo nada de eso. No tengo ninguna revelación, ningún pote de oro al final del arcoíris. Lo siento. Espero no salga indignado de acá. Tenemos muestras gratis de productos en descuento, a la salida.
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EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista volvió a vivir con Lisa y consiguió trabajo. Nada de mal para dos semanas de actividad intensa. Luego de semejantes noticias, decidió dejarlo todo y enfocar sus esfuerzos en coleccionar estampillas. Porque, ¿por qué no?

Estaba sentado en la mesa de siempre en el bar de comedia de siempre junto a Mario, Josh, Eric y LouieMix. Mario y Josh estaban comentando asuntos de trabajo, mientras Eric y LouieMix conversaban sobre sabores, cocina y demases cosas de gastronomía que no tengo idea. Jamás en mi vida pensé que esos dos se llevaran bien, pero ahí estaban, conversando. Tracy no pudo venir porque tenía una tocata en el club Smalls, y Mario tenía la opción de ir a verla o morir crucificado, así que cuando lo invité a que tomáramos algo, le pareció una buena alternativa a las dos opciones que barajaba anteriormente. Estaban todos conversando y yo estaba solo, pero sonreía. La vida estaba bien. En la entrada, apareció Richard (que le decimos Rocky, en el trabajo). Le hice un gesto y se acercó a la mesa. Saludó a todo el mundo y se sentó al lado mío.
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EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Misterio, suspenso y emoción por doquier. Mari le ofrece ayuda a nuestro siempre acongojado protagonista, para que encuentre trabajo. Mientras tanto, Lisa peligra en Los Angeles. ¿Conseguirán sobrellevar los problemas? ¿Lassie logrará avisar que el granero está en llamas? Todo eso y mucho más en el capítulo de hoy.

Cuando los chicos del sitio me avisaron que no publicarían mi columna la semana pasada, se los agradecí profundamente, pues fue como haber encontrado agua en medio del desierto. Yo sé que luego de este me faltan dos capítulos para terminar y no debería quejarme y debería estar molesto por no poder contarles lo que ha pasado, pero todo esto ha sido todo tan intenso, que darme una semana extra es como una especie de premio a la constancia. Como esa estrellita que te ponían las tías del jardín infantil cuando hacías las cosas bien. El miércoles me desperté pensando en cómo empezar la columna de hoy, mirando el techo. Eran casi las siete de la mañana. Me desperté un par de minutos antes que sonara la alarma. Suele pasarme eso cuando estoy muy nervioso. Estos días han sido intensos. Me senté en el borde de la cama y me puse de pie, listo para prepararme el desayuno. Tenía muchísima hambre. Estaba haciéndome una avena del porte de Korea del Norte, pensando en cómo partir esto...
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