EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista se entera que su padre tuvo un preinfarto. Además, Lisa regresa en forma de fichas coleccionables y son tan exclusivas como las de Alf.

Pensé en llamar al trabajo para decir que estaba enfermo, que no me sentía bien y que por favor me disculparan. Sabía que mi jefe no pondría problemas. Lo que me preocupaba es que la verdad era mucho más patética: no estaba enfermo, sino que me negaba a salir de mi habitación. Salir de ahí significaba la posibilidad de encontrarme con la chica de anoche sentada en la mesa de la cocina. Significaba también tener que hablar con Lisa sobre los mensajes y no tenía ganas de enfrentar todo eso. De todos modos, la naturaleza llamó y Natalio comenzó sus quejidos mañaneros para que lo sacara a pasear. Dejé de ser un miedoso, me armé de fuerza y abrí la puerta. Lisa no estaba. Su puerta estaba abierta y su cama estaba intacta. Conozco a mi compañera de departamento lo suficiente para saber que no haría su cama en la mañana ni aunque su vida dependiera de ello, así que sólo había una conclusión: no había dormido en casa y, de paso, dejó todo el living hecho un desastre. Miré al hora: era tarde. No tenía tiempo ni de tomar desayuno. Me vestí a toda velocidad, saqué a pasear a Natalio y me fui al trabajo. Me esperaba un día largo.
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EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro impredecible y nunca bien ponderado protagonista se lanzó de fiesta en una noche digna de las antiguas bacanales dionisíacas, para terminar emborrachándose hasta llegar a estados alterados de conciencia y mensajear a su compañera de departamento. Lo cual nos deja una importante lección: cuando beban, aléjense de su teléfono y pasen las llaves.

Estaba almorzando cerca de la oficina junto a Mario, quien me fue a ver. Mientras comía un trozo de pizza, mi hermano disfrutaba de una ensalada. Son cosas que jamás pensaré que podían ocurrir. Usualmente era yo el que comía un poco mejor. Para Mario, hace uno o dos años, los vegetales eran como la kriptonita. No es como que antes de comerlos tenía superpoderes. Bueno, quizás sí. Tenía el poder de ser gordo y decadente. Ahora cambió de poder. Ahora es delgado, tiene estilo y sonríe a menudo. Lo único que no ha cambiado es la hermosa relación que tenemos:
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EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro joven, lozano, atractivo y musculoso protagonista terminó su relación con Mari y comenzó a reencontrarse con su hermano Felipe. Luego de eso lo llamaron de una productora para hacer un grupo pop. Invitó a sus amigos y se convirtieron en la primera boy band sin gente rubia.

Escribir una columna todas las semanas es una terapia y también ayuda a ver cosas que, al vivirlas, son invisibles. O no invisibles, pero menos evidentes. Recuerdo cuando conocí a Mari y lo conté en un capítulo y alguien comentó que quizás habría un interés romántico y me causó gracia leerlo, pero luego, con el tiempo, ocurrió. De igual manera, estas últimas semanas, al escribir, me he dado cuenta de cosas que debería hacer o decisiones que eran mala idea, pero las hice de todos modos. En parte porque no tengo la habilidad de ir por la vida haciendo, exactamente, lo que quiero. Tengo un gen fallido en mi ADN que me obliga a ir de a poco, quizás demasiado lento. No tengo idea cómo lograron sobrevivir mis antepasados, con este grave defecto, pero supongo que no había demasiados animales salvajes ni decisiones cruciales que tomar en donde vivían mis antiguos parientes menos evolucionados.
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