26 Feb

Cuando grande seré rubio II: capítulo 48

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Misterio, suspenso y emoción por doquier. Mari le ofrece ayuda a nuestro siempre acongojado protagonista, para que encuentre trabajo. Mientras tanto, Lisa peligra en Los Angeles. ¿Conseguirán sobrellevar los problemas? ¿Lassie logrará avisar que el granero está en llamas? Todo eso y mucho más en el capítulo de hoy.

Cuando los chicos del sitio me avisaron que no publicarían mi columna la semana pasada, se los agradecí profundamente, pues fue como haber encontrado agua en medio del desierto. Yo sé que luego de este me faltan dos capítulos para terminar y no debería quejarme y debería estar molesto por no poder contarles lo que ha pasado, pero todo esto ha sido todo tan intenso, que darme una semana extra es como una especie de premio a la constancia. Como esa estrellita que te ponían las tías del jardín infantil cuando hacías las cosas bien. El miércoles me desperté pensando en cómo empezar la columna de hoy, mirando el techo. Eran casi las siete de la mañana. Me desperté un par de minutos antes que sonara la alarma. Suele pasarme eso cuando estoy muy nervioso. Estos días han sido intensos. Me senté en el borde de la cama y me puse de pie, listo para prepararme el desayuno. Tenía muchísima hambre. Estaba haciéndome una avena del porte de Korea del Norte, pensando en cómo partir esto...

Déjenme que les cuente cómo me fue con el papá del nuevo novio de Mari. Lo llamé por teléfono el viernes. Una transcripción de la conversación sería algo como esto:

- ¿Señor Foster? Yo soy... o sea, conozco a Mari, que es la novia de Milton, su hijo.
- Sí, Mari. Esa niña de Chile. Tú tienes acento, también, ¿eres de allá?
- Ehh... sí. Lo llamaba porque ella me dijo que está buscando un trabajador para su empresa de software, y me gustaría—
- Mira, estoy ocupado en este momento. Pasa el lunes a las ocho a mi oficina. Nos vemos.
- Ah, vale, muchas gra... ¿señor Foster? ¿Aló?

El fin de semana me dediqué a actualizar mi currículum, dormir bien y prepararme para el lunes. Así que, como buen niño, a las ocho de la mañana estaba sentado en una sala de espera alfombrada y bastante elegante. Mientras esperaba, Sebastian me llamó por teléfono y me contó que había estado hablando con Lucía y que la amenazó con demandarla si no le pagaba. Al parecer, ella tenía tantas ganas de pagarnos como de someterse a experimentos con ébola, así que le dije que mucha suerte, pero que yo no podía hacer nada por ahora. Me dijo que seguiría peleando por lo nuestro y sentí que lo dijo en un tono medio como de superhéroe, pero no le dije nada. La secretaria me llamó a la entrevista. Pasé a una oficina y estaba el señor Greg Foster, en un despacho digno de una escena de televisión. Reunía todos los clichés del mundo: un enorme cuadro de un señor con barba gris y traje elegante, que parecía ser su abuelo, un escritorio enorme, una bandeja de cuero para los correos y un gigantesco asiento reclinable para que el señor Foster se relajara mientras generaba dinero. Sólo le faltó una gaveta con whiskey y un monóculo.

- ¿Buscando trabajo, no? Mari me habló que eras bueno programando.
- Aquí tengo mi currículum.
- Gracias. Después lo leo. Entonces, ¿cuándo podrías empezar?
- Cuando necesite.
- Ahora. Anda a la oficina catorce.
- Bueno.
- Siéntate. Era broma. ¿Estás desesperado por trabajar, no?
- ¿Es una pregunta con truco?
- Un poco.
- Quiero quedarme acá trabajando. Estaba en una empresa, pero cerraron el área en que estaba y luego empezaron los problemas con mi visa. Tengo un departamento y todas mis cosas así, por lo que, claramente, me gustaría quedarme. Obviamente no me voy a casar a la fuerza para sacar una visa. Tampoco es la idea. Quiero ver si puedo aprender más y desarrollarme. Y si funciona, bien. Y si me tengo que ir, bueno, una lástima, pero no puedo hacer nada. No sé si responde algo lo que dije.
- Sí.
- ¿Por qué me mira así?
- Me gusta la gente honesta. Me gustas, Alberto.
- Muchas gracias, señor Foster, pero tengo novia y usted no es mi tipo.

Apenas dije eso, me arrepentí profundamente. Pero el señor Foster me miró y se largó a reír. Fue como si hubiese dicho el mejor chiste del mundo. Salí de la oficina y me dieron con la secretaria, que asignó al área de programación y desarrollo y me entregó los horarios. Cuando llegué a casa, era el mismo día lunes, pero sentí como si fuese un año más tarde. Estaba aún impactado por lo rápido que había sido todo.

Ese día Lisa me llamó por teléfono y me contó con detalles todo lo que estaba pasando en Los Angeles. La situación era más compleja de lo que pensaba. Los productores amaron el piloto de la serie que Lisa iba a protagonizar. La adoraron. Dijeron que ella tenía potencial para convertirse en una estrella... pero que por ahora, no podían invertir en la serie. Le dijeron que probara el próximo año. Que de seguro les iría mucho mejor. Lisa estaba indignada. Habló con Clark, pero él no podía hacer nada. Ahí me explicó que cada año los estudios hacían cientos de pilotos y solo algunos lograban convertirse en programas.

- ¿Y los shows? ¿No estás haciendo stand-up?
- Vamos a organizar un par de shows con los chicos de acá, pero no sé bien qué hacer. Se suponía que iba a mantenerme con la plata del programa.
- Bueno, en el peor de los casos, siempre te puedes devolver.
- ¿A Nueva York?
- ¿A dónde más?

Lisa no estaba contenta. Había dejado la ciudad en busca de nuevas aventuras y me dijo que sólo se iría de vuelta si todo fallaba u ocurría un milagro. Eso fue a comienzos de la semana pasada. Durante todos los días siguientes, me dediqué a conocer la nueva oficina, mis compañeros, firmar contrato y sentir que por fin estaban empezando a funcionarme las cosas. En la oficina de software y desarrollo tengo mi computador al lado de Richard, que le dicen Rocky. Es newyorkino, lo cual me sorprendió. Suena raro, pero viviendo acá, te das cuenta que es muy poca la gente que nació y se crió en esta ciudad. O, al menos, yo he conocido poca. Casi todos llegaron acá desde otra parte. Andrew es de aquí, y tiene un sentido del humor... particular.

- ¡Pausa! ¿Vamos a almorzar, Alberto?
- Sí, déjame terminar este código y voy.
- ¿Cuánto te vas a demorar?
- ¿Cinco minutos?
- ¿Cómo? Disculpa. No te escucho, tus cadenas de esclavo suenan muy fuerte.

Me gusta la gente que no toma en serio a nadie. La semana estuvo agradable. Cuando llegó el viernes, Lisa me llamó.

- Me devuelvo.
- ¿Qué pasó? ¿Un milagro o falló todo?
- Ninguna de las dos. Lo estuve pensando y me di cuenta que tienes trabajo. Eso cambia el panorama.
- No entiendo.
- Tú ibas a venir a Los Angeles porque yo tenía trabajo y tú no. Ahora es al revés. Yo me quedé sin nada y tú estás allá, contratado. ¿Qué sentido tiene seguir acá? No tengo nada acá. La pieza que arriendo la puedo dejar cuando quiera. No tengo un trabajo estable. No tengo nada.
- ¿Y tus sueños?
- Mi sueño es hacer comedia, no tener un show de televisión.
- ¿Entonces, te devuelves? ¿Cuándo?

Estaba en el aeropuerto, afuera de la puerta de salida del vuelo de Lisa. Hay algo de romántico en la sensación de esperar a quien amas mientras aparecen personas desconocidas cargando sus maletas y buscando a sus familiares. Estaba nervioso. No la veía hace varias semanas y lo único que realmente quería era abrazarla y decirle que todo iba a estar bien. La vi salir con sus dos maletas gigantes. Me miró, dejó sus maletas y corrió a abrazarme. Era como una película gringa. Faltaba la música. Música triste, porque cuando me abrazó se puso a llorar. Me dijo que se sentía mal, que era tonto porque no era su culpa, pero estaba triste por haber pensado que se podía ir, dejarlo todo y triunfar de golpe. Le dije que no importaba. Que estaba feliz de tenerla de vuelta. Le dije que se veía hermosa. Durante el viaje de vuelta, Lisa estuvo todo el tiempo abrazada a mí. Era extraño, porque estaba acostumbrado a verla un poco distante, irónica, siempre con la broma lista. Pero no. Mi novia estaba triste y perdida y por primera vez, desde que estábamos juntos, sentí que tenía que estar a la altura y contenerla. Eso hice. Llegamos al departamento y armamos una lista de las cosas que tenía que hacer, las personas que tenía que llamar y los locales donde debía presentarse. Me dio las gracias y me dijo que tenía que irse a dormir. Estaba agotada. Esto fue el martes.

El miércoles, me desperté temprano, pensando en cómo iba a contar todo esto en una columna. De no tener ninguna novedad, me encontré de pronto con toda la situación cambiada. Estaba haciendo mi avena del porte de Korea del Norte, cuando Lisa apareció desde la pieza. Buenos días, me dijo en su voz de sueño, con su polera de Misfits que usa de pijama. Se sentó al lado mío. En su pieza, Josh seguía durmiendo. Le preparé el desayuno a Lisa, encendimos la televisión y vimos las noticias. El conductor que habla gracioso se dedicó a informarnos del acontecer nacional, y nosotros nos dedicamos a imitarlo. Fue un poco como volver en el tiempo.

Le dije te extrañé y ella me dijo yo también. Le dije te amo y ella me contestó se nota. Le dije ya vas a ver, la próxima semana todo va a estar mejor. Me dijo ya está mejor... estoy contigo. De fondo, Josh roncaba como si estuviera intentando derribar el departamento. A pesar de eso, no podía dejar de sonreír. Estaba de vuelta. Al fin, estaba de vuelta. Fue el mejor desayuno que he tenido en mucho tiempo.

Comentarios

:326-02-2015 22:51
WIIIIIIII
+1Responder
Cristina26-02-2015 23:00
Qué romaaaaantico (L) (L) (L)
0Responder
VaL02-03-2015 12:58
Wow!!!!! que genial que estén juntitos de nuevo!!!
Saludos desde Laja XD (vivo acá sólo porque trabajo acá XD)
0Responder
pepegrillo04-03-2015 20:14
uyuuuuui jajaja
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