05 Mar

Cuando grande seré rubio II: capítulo 49

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista volvió a vivir con Lisa y consiguió trabajo. Nada de mal para dos semanas de actividad intensa. Luego de semejantes noticias, decidió dejarlo todo y enfocar sus esfuerzos en coleccionar estampillas. Porque, ¿por qué no?

Estaba sentado en la mesa de siempre en el bar de comedia de siempre junto a Mario, Josh, Eric y LouieMix. Mario y Josh estaban comentando asuntos de trabajo, mientras Eric y LouieMix conversaban sobre sabores, cocina y demases cosas de gastronomía que no tengo idea. Jamás en mi vida pensé que esos dos se llevaran bien, pero ahí estaban, conversando. Tracy no pudo venir porque tenía una tocata en el club Smalls, y Mario tenía la opción de ir a verla o morir crucificado, así que cuando lo invité a que tomáramos algo, le pareció una buena alternativa a las dos opciones que barajaba anteriormente. Estaban todos conversando y yo estaba solo, pero sonreía. La vida estaba bien. En la entrada, apareció Richard (que le decimos Rocky, en el trabajo). Le hice un gesto y se acercó a la mesa. Saludó a todo el mundo y se sentó al lado mío.

- Perdona por sentarme pegado a ti, Alberto. No conozco a nadie y me demoro un rato en interactuar.
- Debes ser un éxito en las fiestas.
- Lo soy. ¿Te conté de la vez que conocí a esas gemelas asiáticas?
- Suena muy real. Por favor, cuéntamela.
- No puedo. Va a empezar el show.

Las luces bajaron y la voz del anunciador dijo por los parlantes: "Con ustedes, el regreso de la comediante favorita de nuestro local. Un fuerte aplauso para Lisa Brooks". Todos aplaudieron encantados y Lisa ingresó al escenario muy tranquila, sonriente. Se notaba que el público estable del local la había extrañado mucho. La recibieron como si fuera la segunda llegada de Cristo, anunciada por Steve Jobs. Todos aplaudían, encantados. Lisa sólo se cubrió la luz de los ojos, para ver mejor, y observó al público.

- Te estaba buscando.
- ¿Por eso miraste al público a comienzo del show? ¿Qué pasó?
- No tengo idea. Quería saber que estabas en el público.
- Pero es obvio que estaba.
- Sí, pero quería verte. Es diferente.
- ¿Desde cuándo tan romántica? ¿Quién eres tú y qué hiciste con mi novia?
- Soy un extraterrestre. La tenemos de rehén. Queremos diez millones de dólares en monedas de 25 centavos.
- Tengo un perro dormilón, ¿les sirve?
- Lo aceptaremos en parte de pago.
- Se los entregaré después de sacarlo a pasear, ¿vienes?

Con las temperaturas que hacen, salir a pasear es dar una vuelta rápida por la calle y volver. Pero siempre es bueno dejar el departamento un rato. Ese sábado caminamos mientras Natalio olisqueaba los árboles y buscaba el mejor lugar para convertir la calle en su baño privado. Entonces, Lisa me preguntó qué íbamos a hacer. Como no entendí le pregunté de qué estaba hablando. Con Josh, me dijo, ¿qué vamos a hacer con Josh?

Aunque sonara como una película de gangsters, Lisa no se refería a que teníamos que matarlo. Es solo que las condiciones de vida en que estábamos eran muy diferentes de hace un par de semanas. Antes, la opción que Lisa volviera al departamento era tan remota como la de encontrar a alguien que su personaje favorito del cine sea Jar Jar Binks, pero ahora que efectivamente había ocurrido lo que parecía imposible, éramos tres y el departamento se empezaba a sentir incómodo. Por desgracia, yo mismo invité a Josh que se viniera conmigo, ¿con qué cara iba ahora a decirle que tenía que buscarse otro lugar? ¿O quizás debíamos irnos nosotros? Llegué a casa a hablar con mi amigo, y me dijo:

- No, ni loco. Ustedes quédense en el departamento. Yo me puedo irme.
- Me puedo ir, Josh.
- No, no te vayas. Yo me voy, en serio.
- No, te estaba corrigiendo. Da lo mismo. Oye, no pensé que iba a ser tan fácil.
- Sí, tranquilo. Sólo tienes que cambiarte los pads todos los días y vas a estar bien.
- Gracias. Lo recordaré. ¿Necesitas que te ayude a encontrar otro departamento?
- No. Hablé con Eric, me voy con él la próxima semana.

Y así, de la nada, algo que parecía ser un problema, estaba resuelto en menos de veinticuatro horas. Debo admitir que el sentido común y la generosidad de Josh me sorprendieron. A cambio, eso sí, pidió hacer una fiesta de despedida. No tuve el corazón para negarme. Así que ese sábado en la noche llamamos a todo el mundo y festejamos.

- Maricón, traje unas cervezas. No creo que me quede mucho rato.
- Lo que te puedas quedar, hermano. Siempre es bueno tenerte acá. Pasa.

Todos mis amigos estaban ahí. Había algunos modelos de la agencia de Josh y Mario, amigos en común, algunos músicos de la banda de Tracy, en fin, todo el mundo que conocemos fue ese día. Quizás es mi manera de ver las cosas ahora que está tan cerca de terminar la columna, pero todo me daba la impresión de ser un ciclo que se estaba cerrando. Josh se va, Lisa vuelve, yo tengo trabajo... Esa noche de sábado, no me faltaba nada para ser feliz. Estaba mi novia en casa, mis amigos, y buena música. De hecho, la música era extraña. Me acerqué al equipo de música. Había puesto un disco de Lisa Standsfield. La carátula del disco estaba al lado del equipo de música, junto al cuchillo cartonero y la cinta de embalaje que usaríamos al día siguiente para guardar en cajas las cosas de Josh. Me llamó la atención porque yo no tengo ese disco, sé que Lisa tampoco y Josh definitvamente no escucha eso. ¿Quién era tan fanático de traer su propio disco a una fiesta ajena? Ni idea, pero me pareció un detalle bonito y dejé que sonara, amenizando la velada.

Lisa nos contó sus experiencias en Los Angeles, cómo grabaron el piloto y cómo era todo allá. Lo bueno de tener una novia encantadora es que puedo darme el lujo de no hablar ni sociabilizar y nadie se da cuenta. Creo que tengo un problema con la humanidad. Mario se acercó a mí.

- Maricón, me voy.
- Pero si llegaste hace menos de dos horas.
- Sí, pero me tengo que ir. ¿Me acompañas al metro?

Mario pidiendo que lo acompañen a algo que no sea comprar cerveza era algo nuevo. Le dije que claro que lo acompañaba, y bajamos las escaleras en silencio. Cuando llegamos a la calle me soltó la bomba.

- Voy a ser papá.

Le sonreí, con alegría, pero no lo vi alegre. Tampoco lo vi deprimido con la noticia, sino... complicado.

- ¿Qué es lo que no te gusta de eso?
- Yo no soy papá, maricón.
- O sea... vas a serlo.
- Pero yo no puedo. No tengo idea. No sé ser papá. ¿Me imaginas a mí? ¿Cambiando pañales? ¿Dando consejos de la vida? ¿Qué consejo voy a tener? Yo no tengo idea, maricón.
- Bueno, pero nadie tiene idea. Supongo que esa es la gracia.
- Perdona. Anda a carretear. Yo me voy a la casa.
- Hermano, no te pongas dramático. Ven, siéntate.

Nos sentamos en la entrada del edificio. Hacía frío. Mario encendió un cigarro. Yo lo miré fumar mientras le conté sobre la fiesta que hizo el cuando se fue de Chile. Le conté que en ese momento me sentía orgulloso de él, que había sido capaz de tirar todo y empezar de nuevo.

- Mírate. Ahora estás flaco, tienes onda, estás casado y vas a ser papá. ¿Qué pasó con el Mario gordo que no hacía nada por la vida y quería hacer clases de yoga en el living del departamento?

- No sé. Cambié, nomás.
- Date un poco de crédito. Cambiaste. Pero no fue gratis. Siempre hay un costo. El costo fue dejar de ser como eras. Y hay que ser valiente para eso. Y tú lo hiciste.
- Perdona, maricón, pero no entiendo a lo que vas.
- Dices que no tienes ningún consejo que darle para la vida, pero te estoy tratando de hacer ver lo contrario. Tu vida es como un gran consejo. Te admiro caleta, hermano. Y me alegro por la noticia.

Mario me abrazó, con mucho cariño. Mi hermano mayor temblaba. En parte por el frío y en parte porque era como un niño asustado. Le dije que todo iba a estar bien y me dio las gracias. Le dije que hablaba en serio y me dijo que lo sabía. Me abrazó y se fue camino al metro. Yo volví a la fiesta. Cuando llegué arriba, Lisa me preguntó si yo había puesto el disco de Lisa Standsfield y le dije que no. Me dijo que no la escuchaba desde hace años. Yo le dije que no recordaba ni quién era, pero me gustaba su nombre. Lisa se rió, me besó, me tomó de la mano y nos sentamos en el living a conversar con Josh. Era nuestra última noche los tres en el departamento y yo, quizás influenciado por la música ochentera, o por el hecho que me queda un solo capítulo de la columna, en lo único que podía pensar era que todo se sentía como si se estuviese terminando una película.

Comentarios

Macarena06-03-2015 16:34
Alberto!! que bien que todo te este resultando, es una pena que se acabe tu columna de nuevo :sad: ...!!abrazote!!
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Ariel Cruz10-03-2015 04:59
Que no se acabe la temporada :-| ... y que rico que te esté yendo bien :)
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