EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista se encontraba en Chiloé comiendo un sándwich y de pronto vio a Don Rodolfo, pasó a saludarlo y no era él. Diría algo divertido, pero no lo diré.

El hermano de Don Rodolfo me abrazó. Se veía claramente afectado. Me sentí algo culpable así que lo invité a acompañarme a terminar mi sándwich y comer algo juntos. Nos sentamos en mi mesa y me contó la historia. Don Rodolfo había muerto hace un tiempo en el hospital. Cosa triste, porque era un buen tipo.

- Nunca se atrevió a salir de ahí. Estaba cómodo. Me decía que no quería volver a la vida normal. Que estaba contento. Yo fui a hablar con él varias veces, pero no había caso, ¿me entiende?
- Sí, me lo imagino.
- Le dio un derrame cerebral. Imagínese. Estando en el hospital. Lo atendieron al tiro, pero fue fulminante. No hubo nada que hacer. Estuvo unos días conectado con muerte cerebral, hasta que su cuerpo dejó de responder y no hubo más caso.
- Lo siento. Me da mucha pena escuchar esto.
- Perdona que me haya puesto a llorar. Todavía me duele mucho. Mi hermano era un buen tipo.
- Sí, lo era.
- Lo recuerdo con mucho cariño.
- Me imagino.
- Pero tenía demasiado miedo. ¿Entiende a lo que voy?

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista se entera que su padre tuvo un preinfarto. Además, Lisa regresa en forma de fichas coleccionables y son tan exclusivas como las de Alf.

Pensé en llamar al trabajo para decir que estaba enfermo, que no me sentía bien y que por favor me disculparan. Sabía que mi jefe no pondría problemas. Lo que me preocupaba es que la verdad era mucho más patética: no estaba enfermo, sino que me negaba a salir de mi habitación. Salir de ahí significaba la posibilidad de encontrarme con la chica de anoche sentada en la mesa de la cocina. Significaba también tener que hablar con Lisa sobre los mensajes y no tenía ganas de enfrentar todo eso. De todos modos, la naturaleza llamó y Natalio comenzó sus quejidos mañaneros para que lo sacara a pasear. Dejé de ser un miedoso, me armé de fuerza y abrí la puerta. Lisa no estaba. Su puerta estaba abierta y su cama estaba intacta. Conozco a mi compañera de departamento lo suficiente para saber que no haría su cama en la mañana ni aunque su vida dependiera de ello, así que sólo había una conclusión: no había dormido en casa y, de paso, dejó todo el living hecho un desastre. Miré al hora: era tarde. No tenía tiempo ni de tomar desayuno. Me vestí a toda velocidad, saqué a pasear a Natalio y me fui al trabajo. Me esperaba un día largo.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Fukushima llamó a Alberto y le dijo que Patty lo había dejado. Fue en ese momento que Aquamán, aburrido ya de tantos ires y venires de tan pululante personaje, decidió comunicarse con sus amigos del mar e ir a atacar de una vez. Por desgracia, solo llegaron latas de atún de supermercado.

Primero que todo, la buena noticia: mi mano está libre otra vez. ¡Yupi! Bien, ahora sigamos con la montaña de problemas que se han sumado encima de esto, en el último tiempo.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Alberto, preocupado por no poder conseguir un trabajo, descubre que su vecino tiene una posibilidad laboral y decide arrojarse a ella como un explorador del Sahara a una máquina expendedora de bebidas. Luego de saciar su sed, y aprovechando que estaba en el desierto, grabó un video junto a La Ley.

Estoy en un café, esperando a la señora Lucía Soto, la tía de Eric. Afuera la nieve y el frío son una sorpresa tan grata como lo fue La Amenaza Fantasma. Miro mi taza y me recuerdo que no tengo que mostrarme desesperado. Tengo que jugarlo bien. Hacerme el cool, el interesante. Hacer como que si digo que no, yo no pierdo nada. Es ella la que está desesperada por un programador. Se abre la puerta del café y una señora vistiendo un traje extravagante, de piel que espero sea sintética, busca con la mirada y cuando me encuentra, pregunta:
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro fornido y superpoderoso protagonista descubre que su novia no es tan ordenada como creía en un comienzo. Su hermano tiene el corazón destrozado y si das vuelta un casette de Xuxa y lo escuchas al revés, puedes escuchar mensajes satánicos.

Siempre me llamó la atención el microcuento de Augusto Monterroso que dice "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Pues bien, cuando me desperté el plátano todavía estaba ahí. Mari estaba durmiendo y yo ordené el living. Preparé el desayuno y cuando se despertó ya estaba todo listo. Tenía mi discurso armado para poner las cosas claras. No soy un enfermo del órden, pero sí me gusta sentir que la vista está limpia al pasearse por mi casa, y no hay basura tirada por debajo de las mesas, ni nada. Mari entró al living, me abrazó, me dio las gracias por ordenar y me prometió que nunca más se iría a acostar dejando todo desordenado, pero que anoche, simplemente, no quería hacer nada más que jugar y dormir. Se sentó a desayunar y se preparó un pan con palta. Si hubiese podido, yo a mi pan le hubiese echado mi discurso y me lo habría comido entero y en silencio.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista salió con Mari, fue demasiado gallina como para besarla, así que ella lo hizo por él, y luego al volver a casa, la junta de vecinos quiere expulsar a Natalio. Como no iba a dejar que eso fuese así, se convirtió en ecoterrorista y voló en pedazos un barco pesquero en Japón.

Uno de los comentarios de la columna anterior que más me dio vueltas en la cabeza fue que Natalio no me abandonaría si estuviera en mi posición. Y es verdad. Puede que sea un flacuchento depresivo, pero está demostrando cierto cariño por mi persona y hasta por el flojo mórbido de mi hermano. Y querer a mi hermano es un desafío que requiere de mucha autodisciplina, se los digo con conocimiento de causa. Por lo tanto, era hora de poner la batiseñal en casa y hacer reunión familiar para solucionar el tema de Portman. Lo cual es igual a desconectar el Xbox y citar a Josh y Mario a conversar en la mesita del living. Eso hice.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro asombroso protagonista consiguió trabajo nuevo e invitó a su vecina a salir. La vida le sonríe y, para celebrar, se puso los calzoncillos sobre los pantalones y donó millones a una institución benéfica en el Congo, conviertiéndose en una celebridad mundial.

Esta semana ha sido intensa. Comenzaré contando que la cita con Paty debió correrse para dos días más tarde porque ambos teníamos controles que eran tan fáciles como atravesar el Atlántico con flotadores, así que nos recluimos como adultos responsables a sacar adelante los estudios y tratar de no fracasar de manera demasiado estrepitosa...

Mi hermano Mario y Josh han carreteado todos los días, convirtiéndose en algo así como el dúo dinámico, pero en versión alcohólica. Por este motivo, debí comprarme tapones para los oídos e ignorar sus tomateras. Fue la única solución viable. Apenas he salido de mi pieza salvo para ir a la U, trabajar el medio tiempo en mi nueva ocupación laboral y estudiar como monje. Pienso que si apenas tengo tiempo de sacar mi vida adelante, no quiero ni pensar qué haré cuando tenga que hacer una práctica. Con la banda he debido suspender tantos ensayos que creo que me van a pegar un tiro apenas me asome por la sala, así que prefiero dilatar ese encuentro lo más posible y sacar mis responsabilidades adelante. Tengo poco tiempo para mi, pero supongo que a eso se referían cuando decían que la U era una etapa que menos mal te llega cuando eres joven y tienes fuerzas, porque si fuese así cuando ya estás más cansado y supongo que el cuerpo comienza a sacarte la tarjeta amarilla cada cierto rato, se volvería imposible. O, al menos, yo no podría hacerlo.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Alberto, envalentonado por Lisa, decidió llamar a Mari. Luego de eso, decidió que la mejor manera de disfrutar la vida era marcharse al caribe, así que vendió todo, se compró un traje de baño y se largó a una playa tropical a ser aplicador profesional de bloqueador solar.

Los desayunos son el mejor momento del día. Básicamente porque puedo relajarme por completo, usar mis pijamas favoritos con dibujos animados y porque con Lisa hemos armado una rutina mañanera en que nos dedicamos a leer los titulares de los diarios con voces de periodistas drogados. Habíamos terminado de ingerir nuestro alimento, yo estaba poniéndome los zapatos y haciéndome los ánimos de bancarme a mis compañeros de trabajo, mientras Lisa buscaba sus lentes oscuros para soportar el veraniego sol que nos esperaba afuera.

Abrí los ojos de golpe cuando comenzó el sonido de mi teléfono a todo volúmen. Cuando le puse de ringtone la canción de Mario Bros, pensé que sería divertido. Ahora tengo un sueño del porte de la Unión Soviética y, si pudiera, ahorcaría a Mario Bros en la plaza pública.

- ¿Aló? ¿Mario?
- ¿Cómo está mi hermano favorito?
- Cercano a cometer un homicidio. Te lo advierto, si te vienes a mi casa...
- ¿Si me voy a tu casa, qué? ¿Me vas a pegar?
- No, no te abro la puerta.
- Veamos...

DING DONG

- Dime que no eres tú.
- "Que no eres tú".
- Imbécil.

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