EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro siempre caótico protagonista consigue trabajo, tiene una complicada relación con sus compañeros, se enfrenta al hecho que Mari está en Nueva York y ahora ha decidido convertirse en avestruz, meter su cabeza en el suelo y olvidarse de todo esto. Esperamos que resulte. Adelante, estudios.

Si esto fuese una película, la primera escena sería de mi mano revolviendo el café y sería imposible no preguntarse cómo no estoy temblando. Con un pulso digno del mejor cirujano, revuelvo un café y finjo total calma. Es de noche y estamos sentados afuera del local. Mari está hablando y aunque entiendo lo que dice, en mi interior suena parecido a un idioma inventado, como si en verdad estuviera diciendo cualquier otra cosa. Algo así como los profesores de Charlie Brown.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Alberto fue a una entrevista de trabajo y terminó haciéndole clases a Roberto, el ex de su vecina. Luego de eso se fue a África y aprendió a domar tigres, pero eso no es relevante.

- A ver, no entiendo. ¿Hay que sumar la X o dividirla?
- No he dicho nada de sumar ni dividir.
- Ah, es que siempre hay que hacer algo para encontrar la X.
- Pero esto es geometría básica, ¿qué vas a dividir? ¿Un triángulo con un cuadrado?
- Jaja, me caes bien.

Roberto me adoraba y eso sólo aumentaba mis ganas de tirarlo por un puente.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista se despidió de Mario y Josh, y quedó solo en su pequeño departamento. En ese momento, se prometió mejorar su estado de ánimo, eliminar la pobreza del mundo y comer más sano... bueno, quizás eso último no: es muy difícil.

Primero que todo, muchas gracias por los mensajes de ánimo. Es complejo escribir esta columna porque, a pesar de no responder los comentarios (desde el comienzo me prometí que no lo haría), siempre los leo. En un momento comencé a pensar si valía la pena lo que estaba haciendo. Me daba la impresión que mi vida ya no eran mis aventuras viviendo solo por primera vez, sino que era sobre... bueno... sobre mi vida en otro lugar y cómo parecía que las cosas saldrían bien, como el Titanic antes de zarpar, y luego como todo comenzó a irse a las pailas. Como el Titanic cuando DiCaprio está en el agua. Y me pareció que hablar sobre lo que me estaba pasando no era interesante para nadie. Y es que, a pesar de sentir que en un momento estaba solo contando desgracias y preguntarme si valía la pena seguir haciéndolo, los mensajes de ánimo me alegraron mucho. Bien, ahora que les he declarado mi amor virtual, puedo proseguir.

- Hola, me llamo Alberto y mi vida tiene tanta emoción como la de un cepillo para limpiar inodoros, así que les contaré sobre mi semana.
- Adelante, por favor.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista se encontraba en Chiloé comiendo un sándwich y de pronto vio a Don Rodolfo, pasó a saludarlo y no era él. Diría algo divertido, pero no lo diré.

El hermano de Don Rodolfo me abrazó. Se veía claramente afectado. Me sentí algo culpable así que lo invité a acompañarme a terminar mi sándwich y comer algo juntos. Nos sentamos en mi mesa y me contó la historia. Don Rodolfo había muerto hace un tiempo en el hospital. Cosa triste, porque era un buen tipo.

- Nunca se atrevió a salir de ahí. Estaba cómodo. Me decía que no quería volver a la vida normal. Que estaba contento. Yo fui a hablar con él varias veces, pero no había caso, ¿me entiende?
- Sí, me lo imagino.
- Le dio un derrame cerebral. Imagínese. Estando en el hospital. Lo atendieron al tiro, pero fue fulminante. No hubo nada que hacer. Estuvo unos días conectado con muerte cerebral, hasta que su cuerpo dejó de responder y no hubo más caso.
- Lo siento. Me da mucha pena escuchar esto.
- Perdona que me haya puesto a llorar. Todavía me duele mucho. Mi hermano era un buen tipo.
- Sí, lo era.
- Lo recuerdo con mucho cariño.
- Me imagino.
- Pero tenía demasiado miedo. ¿Entiende a lo que voy?

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Alberto, envalentonado por Lisa, decidió llamar a Mari. Luego de eso, decidió que la mejor manera de disfrutar la vida era marcharse al caribe, así que vendió todo, se compró un traje de baño y se largó a una playa tropical a ser aplicador profesional de bloqueador solar.

Los desayunos son el mejor momento del día. Básicamente porque puedo relajarme por completo, usar mis pijamas favoritos con dibujos animados y porque con Lisa hemos armado una rutina mañanera en que nos dedicamos a leer los titulares de los diarios con voces de periodistas drogados. Habíamos terminado de ingerir nuestro alimento, yo estaba poniéndome los zapatos y haciéndome los ánimos de bancarme a mis compañeros de trabajo, mientras Lisa buscaba sus lentes oscuros para soportar el veraniego sol que nos esperaba afuera.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista dijo que no iría al matrimonio de Patty y eso fue todo. Ah, y Mario está deprimido. También descubrió que Josh por las noches se disfraza de superhéroe, pero eso no es relevante.

Les aviso desde ya que el capítulo de hoy será corto. Estoy en un colapso enrome entre el trabajo, los exámenes y cuidar a mi hermano. Aún así, me comprometí a escribir esto todas las semanas y lo prometido es deuda...
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Alberto celebra su cumpleaños, su madre se come un queque de sustancias divertidas. Luego sigue celebrando y se va a acostar. En otras noticias, no puedo creer que alguien todavía siga leyendo estos resúmenes que, realmente, no resumen nada. Ah, y hoy no me puse desodorante. Se me olvidó. Sentí la necesidad de contarlo.

- ¿Aló?
- Alberto, dime un sueño en tu vida.
- Escalar el Everest sobre un gato siamés.
- Ya... pero uno que no involucre modificar genéticamente un animal.
- ¿Comer ocho Snickers al mismo tiempo?
- "Pandemonium Veritas" va a tocar el Chile.
- No tengo plata.
- Somos los teloneros.
- ¿Volviste a masticar plástico quemado? Porque si es así, no voy a llevarte al servicio de urgencias.
- Estoy hablando en serio.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Mario y Josh llegaron a Nueva York. Contrario a lo que nuestro musculoso protagonista podía pensar, Tracy terminó saliendo con Mario y él quedó rezagado al olvido y a dormir con su perro, bajo la lluvia y con un violín sonando de fondo.

Por algún motivo inexplicable, hace varios días tengo la sensación que voy a recibir excelentes noticias o que, al menos, va a pasar algo bueno. No creo en las energías ni en los chacras ni en los psíquicos de la televisión, pero llevo días sintiendo esto como. Mi compañera de hogar ya está preocupada.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Alberto asiste a un concierto de jazz y fracasa intentando parecer sofisticado. De todas maneras su fracaso no alcanza proporciones bíblicas y consigue una segunda cita.

- Buenos días, ¿señora Dash? Mi nombre es Alberto, la estoy llamando por su conexión de...
- Ojalá te mueras de cáncer, imbécil.

Ah, nada como un poco de amor. Miré la hora en el reloj del computador. Eran las once de la mañana. Lo más tétrico es que sentía que eran las once de la mañana desde hacía como cuatro siglos. El tiempo avanzaba tan lento como una fila para el baño público en un concierto. ¿Cómo había llegado a esta situación? Para explicarles con detalle, necesito remontarme a aquel viernes en que fui al departamento que Tracy comparte con su amigo. Le pedí a Lisa que me acompañara, aunque la veía tan entusiasmada de ir a la fiesta como de tomarse un litro de químico para destapar cañerías.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro siempre complicado protagonista recibió la noticia que su hermano sería padre, que Josh se irá a vivir solo, que Lisa volvió a hacer stand-up y que Bruce Willis estaba muerto al final de El Sexto Sentido. Con una revelación de dicha magnitud, se ha preparado psicológicamente para terminar esta columna.

Soy pésimo haciendo discursos de despedida, frases emotivas o recuentos de cosas. En parte ese fue uno de los motivos por los cuales entré a un taller de escritura en Santiago y a las clases de stand-up en Nueva York. Cuando escribo, tiendo a hacerlo sobre las cosas que me pasan. Quizás soy poco imaginativo y no sé hacer personajes ni inventar grandes historias. O quizás, simplemente, me gusta que la vida sea, en si misma, algo interesante que contar. Eso a veces tiene consecuencias, claro. Por ejemplo, este último capítulo. En todas las películas y libros que he leído, los autores se guardan lo mejor para el final. Una revelación, una idea sorprendente, un mensaje. Algo. Pero pienso que no tengo nada de eso. No tengo ninguna revelación, ningún pote de oro al final del arcoíris. Lo siento. Espero no salga indignado de acá. Tenemos muestras gratis de productos en descuento, a la salida.
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