EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro asombroso protagonista consiguió trabajo nuevo e invitó a su vecina a salir. La vida le sonríe y, para celebrar, se puso los calzoncillos sobre los pantalones y donó millones a una institución benéfica en el Congo, conviertiéndose en una celebridad mundial.

Esta semana ha sido intensa. Comenzaré contando que la cita con Paty debió correrse para dos días más tarde porque ambos teníamos controles que eran tan fáciles como atravesar el Atlántico con flotadores, así que nos recluimos como adultos responsables a sacar adelante los estudios y tratar de no fracasar de manera demasiado estrepitosa...

Mi hermano Mario y Josh han carreteado todos los días, convirtiéndose en algo así como el dúo dinámico, pero en versión alcohólica. Por este motivo, debí comprarme tapones para los oídos e ignorar sus tomateras. Fue la única solución viable. Apenas he salido de mi pieza salvo para ir a la U, trabajar el medio tiempo en mi nueva ocupación laboral y estudiar como monje. Pienso que si apenas tengo tiempo de sacar mi vida adelante, no quiero ni pensar qué haré cuando tenga que hacer una práctica. Con la banda he debido suspender tantos ensayos que creo que me van a pegar un tiro apenas me asome por la sala, así que prefiero dilatar ese encuentro lo más posible y sacar mis responsabilidades adelante. Tengo poco tiempo para mi, pero supongo que a eso se referían cuando decían que la U era una etapa que menos mal te llega cuando eres joven y tienes fuerzas, porque si fuese así cuando ya estás más cansado y supongo que el cuerpo comienza a sacarte la tarjeta amarilla cada cierto rato, se volvería imposible. O, al menos, yo no podría hacerlo.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista y su novia fueron a pasar una amena navidad a la casa de los papás de ella y terminó siendo un fiasco. Luego fueron a casa de Mario y Portman aprendió a hablar, tras lo cual comenzó a dar charlas sobre Heidegger y la fenomenología para la conciencia interna del tiempo... pero otro día hablaremos de ello.

Año nuevo. La fecha en la cual debes pasarlo bien. El momento del año que todo el mundo espera y las fiestas multitudinarias que pegan publicidad desde mediados de Noviembre. "¿Qué vas a hacer en año nuevo?" es el "¿Cómo te va?" de Diciembre. Quedarse en casa a no hacer nada no es opción. Tienes que salir y festejar como si no fuese sólo otra noche, sino la noche más importante de la vida. Bueno, hoy les quiero presentar un resumen de mi hermosa noche de año nuevo.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista salió con una chica que no era un monstruo disfrazado, luego se fue de vacaciones junto a su padre, sus hermanos se sumaron después y ahora está aprendiendo carpintería barroca y a cantar motetes renacentistas.

Estaba un poco borracho. Mis hermanos habían traído cervezas. Nos pusimos a conversar y a tomar aunque mi papá no puede beber, pero mi hermano le pasó uno de sus cigarros que dan risa y vi fumar a mi padre por primera vez y nos reímos y bebimos un poco más y se hizo tarde y de pronto todo era como un comercial noventero de MTV, en el cual nada tiene mucho sentido pero lo pasas bien. Nos encontrábamos todos durmiendo en la misma habitación, como un campamento decadente de boy scouts. Era una pieza acondicionada con cuatro camas dispuestas en dos camarotes. Yo siempre duermo arriba, a pesar que me da miedo caerme. No tengo idea por qué hago eso. Siempre que hay que elegir camas escojo al final y me toca arriba y ya estoy acostumbrado. Bueno, el asunto es que estaba un poco borracho y pensando en lo que me había dicho mi padre. Eso de qué es lo que realmente quiero hacer con mi vida. Estaba acostado y viendo el techo porque era la hora de la noche en que estás por quedarte dormido y empieza el carnaval del cerebro, con imágenes de lo que hiciste en el día, recuerdos caóticos, discusiones, las peores vergüenzas de tu vida y un par de chistes que no tienen gracia. Todo eso te bombardea antes de que el cerebro se apague. A pesar que me moría de ganas, no tomé mi celular. Lo había apagado. Aprendí mi lección.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista se enfrenta a un serio problema, que pone en juego su relación sentimental, su estadía en Nueva York y el equilibrio del multiverso. Bueno, quizás eso último no. Pero es muy serio.

Estaba terminando de tomar desayuno. Mario, frente a mí, tomaba una taza de té. Yo masticaba mi naranja a una velocidad tan mínima, que habría sido más expedito ponérmela sobre la piel para absorberla por los poros. El departamento estaba vacío a medias. Natalio estaba sentado en el medio del living, y se veía más triste que de costumbre. No podía culparlo. Yo estaba igual.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro musculoso y atractivo protagonista lidia con el desempleo, la falta de visa, una novia que no vive en su misma ciudad y un ofrecimiento de trabajo en Chile. Luego de ello, escribe una columna en internet y cuenta su vida privada.

Lisa está en la entrada del departamento y nos estamos abrazando. Es la hora de despedirse. Tiene que partir al aeropuerto. Desde el comienzo hicimos el trato de no irnos a dejar a los aeropuertos y creo que fue la mejor idea. Así la persona que se queda (en este caos, bueno, yo) no debe soportar un eterno viaje a casa para volver a estar solo. Se trata solo de cerrar la puerta. Y el trauma de despedirse pasa rápido. Como una vacuna. O sacarse un parche curita. O sacarse un diente, cuando niño.

- ¿Aló? ¿Mario?
- ¿Cómo está mi hermano favorito?
- Cercano a cometer un homicidio. Te lo advierto, si te vienes a mi casa...
- ¿Si me voy a tu casa, qué? ¿Me vas a pegar?
- No, no te abro la puerta.
- Veamos...

DING DONG

- Dime que no eres tú.
- "Que no eres tú".
- Imbécil.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Mario, en un estado de depresión tan grave que un suicidio parecería una fiesta, intenta hablar con su ex y queda aún peor. Nuestro protagonista le regala un patito bebé de mascota y Mario se ve obligado a cuidarlo. Posteriormente, es una cápsula teleportadora, Mario y el pato cambian de cerebros y ahora Mario vive dentro de un plumífero ser que excrementa constantemente.

Mike Tyson excrementa. Mucho. No tenía idea, pero los patos usan el patio para caminar y pasarlo bien, pero si los entras a la casa, corres el riesgo de que se hagan adentro. Constantemente. Así que Mario llenó la piscina y ahora Tyson se la pasa nadando y jugando. Si mi hermano sale de la casa, el patito lo sigue. Si camina por el patio, Mike lo sigue. Es como adicto al gordo triste. Debo decir, en honor a la verdad, que el plan resultó en parte. Ahora Mario no tiene tiempo de estar tirado en calzoncillos, porque el patito chilla muchísimo si no lo toma para hacerle cariño. Lo mantiene ocupado y ese era el plan.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro asombroso protagonista decidió no irse a vivir con sus hermanos y arrendar un departamento solo, por su propia cuenta. Le dijo a Mari que si quería, podía irse a vivir con él. Luego un meteorito cayó en su patio. Al interior de éste, había un extraño ser que cantaba música flamenca y venía de una galaxia muy lejana. Alberto lo invitó a un bar y bebieron absenta. Lección del día: nunca bebas absenta con un extraterrestre fanático del folklore español.

Cuando chico me gustaba poner mi bicicleta al revés, con el asiento en el piso, y hacer girar la rueda en el aire. Me encantaba verla cuando iba muy rápido. Me hacía pensar que quizás alguna vez yo podría ir a esa velocidad encima de la bici. Claramente, eso nunca ocurrió. Por suerte. Cuento esto de la bicicleta porque durante esta semana en mi vida todo se ha movido más rápido que de costumbre. Las cosas pasan a toda velocidad. En cinco días pasé de tener el plan de irme a vivir con mis hermanos a irme a vivir solo. Y en cinco minutos pasé de irme a vivir solo a proponerle a Mari irnos a vivir juntos en una relación que recién está empezando. Fue absurdo de mi parte, pero me di cuenta de ello, realmente, al llegar a la casa de mis padres. Estaban las luces apagadas de las piezas. Sólo se encontraba de pie mi padre, que había salido a buscar el diario al living para llevárselo a la pieza. Me saludó con un movimiento de cabeza parecido a "hey, hola", pero que bien podía ser "allá" o "me gusta sonreír y levantar la cabeza a la vez".

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro sorprendente y nunca bien ponderado protagonista recibe la visita de su hermano Felipe, mientras Lisa está de gira con un grupo de cómicos. Acción, aventura, romance y perros deprimidos. Todo eso y más en el capitulo de hoy. Quizás.

Estaba sentado en el living comiendo mis cereales, cuando Felipe apareció del baño y se sentó al lado mío, en pijama. Le dije que ya que estaba de visita, tenía que ir a Times Square en la tarde, pero que durante el día podía ir a Canal Street y pasear por el Chinatown. Vi como me escuchaba, pero las palabras entraban por un oído y salían por el siguiente.

- Sí. Igual estoy medio cansado del viaje. Voy a ver una película acá en el departamento, yo creo.
- No sé qué hay en la tele, casi nunca la usamos. Vemos las noticias de la mañana, nomás. Hay un reportero muy divertido que—
- No te preocupes, traje unos DVDs que quería ver.
- Ah, dale. ¿No te tinca ver televisión de acá, mejor?
- No, estoy bien. Gracias.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Mario llamó de sorpresa a nuestro protagonista, sin saberlo, éste fue a su hogar y se encontró con una elaborada trampa, consistente en rayos láser, chimpancés entrenados y un par de tigres de bengala con patinetas.

Natalio, Mari y yo caminamos tan rápido como pudimos. No todo había salido como lo planeamos, pero la vida seguía funcionando. Yo estaba nervioso por reencontrarme con mi hermano, pero justo antes de llegar a nuestro edificio, vimos a un tipo de lentes oscuros, fumando un cigarro en la entrada del edificio. Pasé al lado de él y me dijo
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