EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro masculino y fornido protagonista almuerza con Roberto y se desmaya al llegar a casa. ¿Será una enfermedad? ¿Será una coincidencia? ¿Será una trampa? ¿Será que no me amas? No culpes a la noche ni a la playa.

¿Qué dijo el doctor? Que está durmiendo, nomás... ni desmayado se le quita la cara de hueón. ¿Qué fue lo que pasó? Ah, mamá, te conté como mil veces. ¿Pero por qué no estabas vigilándolo? Porque ya está pelúo y grande, poh, yo no soy el dueño del cabro chico. Momento, parece que se estar despertando. ¿Hijito? ¿Mi bebe? ¿Se siente bien?

- Mamá, no me digas bebé, tengo veintidós años.
- Mi lindo, que susto nos diste. Caíste desmayado. Te intoxicaste.
- ¿Yo? ¿Qué pasó con la Paty? ¿Está en el cine?
- Te intoxicaste con comida del mar. Tienes que pasar la noche aquí, el doctor dice que vas a estar mucho mejor mañana, si no, pasas un día más y listo. Pero que ya estás mucho mejor, mi guagua.
- No me digas guagua, por favor. ¿Cuánto tiempo llevo acá?
- Un día. Lo dormiste entero, mi lindo.
- ¿Mario, llamaste a la Paty?
- ¿Cómo? ¿Para qué?

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro alcohólico protagonista llamó a Lisa para decirle que se mudaría a Los Angeles con ella y dejaría Nueva York. Luego se fue a dormir y despertó convertido en escarabajo. Su nombre ahora era Gregorio Samsa y todo había sido una pesadilla. Soñó que era normal.

- ¿Te vas? ¿Dónde?
- A dónde. Me voy a Los Angeles. No todavía, pero me voy a ir.
- ¿Y vas a dejar el departamento? ¿Qué va a pasar en el visa?
- La visa.
- ¿Por qué es "la" si es "el" documento?
- Porque sí.
- Tu idioma no tiene sentido.
- Muchas cosas en mi vida no tienen sentido, Josh.
- Excepto cuando te atragantas...
- Permiso, me largo.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista comenzó a ir a un taller literario para aprender a dejar de juzgar al resto. Mario está de mejor humor, y ahora se pone pantalones durante el día. Cerca de estas fechas de navidad, Alberto, Felipe y Mario decidieron viajar en una excursión para encontrar a Papá Noel y robarle los regalos... pero no hablaremos de eso.

<<...y fue entonces cuando Richard le dijo, en un susurro, casi con la voz congelada: "la muerte nos ronda, bien redonda". Fin>>

Todos, muy conmovidos, aplaudieron. Yo ya había registrado mis bolsillos y no tenía ninguna pistola, por lo que mi plan de volarme los sesos había fracasado hace varios minutos. Desde el momento en que el protagonista descubría un portal dimensional y entraba a un mundo muy similar a lo que Tim Burton debe ver cuando se toma un LSD. El Negro sonreía, agradecido por las palabras que todos le daban. Que era un texto maravilloso, que se conmovieron profundamente. Carlitos dijo que era el mejor relato que había escuchado en un buen tiempo. Todos estaban de acuerdo. Suspiré.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro fornido y heroieco protagonista va a pasar el año nuevo a Valparaíso, pero el plan fracasa. Katerina patea definitivamente a Mario y Mari acepta la propuesta de irse a vivir con Alberto. Mientras tanto, en el salón de la justicia, Aquaman intenta comunicarse con restos de jurel tipo salmón enlatado.

Cuando Mario se fue a vivir a mi departamento fue un cambio muy breve porque en esa época con suerte tenía ropa de cambio. Todo lo suyo cabía en una mochila. Sin embargo, ahora que Mari viene a vivirse, las cosas son distintas. Mis únicos muebles son la cama, la mesa de trabajo hecha por mi y el sillón de Mario. Eso sumado a varias cajas. ¿Cómo hacer que llegaran más cajas, y el departamento no se viera como que vivía en una mudanza constante? Ese martes por la tarde llegó la respuesta.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Felipe encontró una casona a la cual pueden mudarse, Mario y Josh tienen trabajo estable, Natalio pronto volverá a casa. Pero a último momento, la madre de nuestro protagonista le avisa que su padre tuvo un infarto. Agregaría algo divertido a continuación, pero no lo haré.

Mario y yo éramos como un equipo operativo de fuerzas especiales. Subimos a mi madre al auto de Mari, quien nos llevó a urgencias. Josh se quedó en el departamento junto a Portman. Mi madre nos contó más en detalle qué es lo que había pasado. La historia fue un poco así: después de almorzar, mi padre se fue a acostar y se despertó preocupado porque le dolía la espalda. Conversaron con mi madre un rato y de pronto ya casi no se podía mover. Se tendió en el piso porque le dolía y que ahí, en el suelo, se le pasaba. Le pidió a mi madre que lo dejara durmiendo y ella se preocupó. Llamó al servicio de emergencias y el resultado fue que le dio un infarto mientras lo subían a la ambulancia. Nos contó todo esto entre llantos de nervio. Le dijimos que todo iba a estar bien. Le dijimos que no se preocupara. Le dijimos que era obvio que ya estaba mucho mejor. Obviamente, no teníamos idea de nada. Estábamos mintiendo con cara de poker.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista iba a tocar con la banda en una última tocata, pero se quedó atrapado en un ascensor y fracasó épicamente. Luego decidió hacer una carrera política y se postuló para presidente del mundo. Dulces gratis para todos y siestas legales a la hora del trabajo. Gracias por sus votos.

Tienen razón. Si hubiese sido más cuidadoso y no estuviera metido en mil cosas, habría tenido tiempo y la responsabilidad suficiente para no hacer a última hora el encargo de la mariposa de la batería el mismo día de la presentación. Fue irresponsable de mi parte, pero eran los tiempos con que contaba. Supongo que el mundo se ordena así. Algunas decisiones que tomas crees que las haces bien y al final la vida te demuestra que no puedes hacer todo. A veces, de maneras un poco más duras de las habituales. Esta semana no ha ocurrido demasiado porque estoy tapado estudiando, pero sí hubo una revelación interesante. O mejor dicho, dos. Bueno, de eso se trata lo que hoy les contaré.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro protagonista cayó al hospital producto de una intoxicación, también escuchó a su vecina coqueteando con su ex y aprendió a teleportarse, pero eso último no es relevante.

Estaba ordenando mi bolso para irme del hospital. Mis padres me esperaban afuera de la sala común, mientras Don Rodolfo estaba viendo tele. Me acerqué a él para despedirme. Me miró seriamente y me dijo:

- Mira, cabro, al final todos tenemos un punto donde nos cansamos. Cuando llegues al tuyo, lo vas a saber, ¿me entiendes?
- ¿Sabe qué, Don Rodolfo? Usted es como Obi Wan.
- Ahí sí que no sé. ¿Y eso es bueno o malo?
- Increíble, pues. Es el de la guerra de las galaxias.
- ¿Cuándo hubo una guerra?
- Nos vemos.

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro impredecible y nunca bien ponderado protagonista se lanzó de fiesta en una noche digna de las antiguas bacanales dionisíacas, para terminar emborrachándose hasta llegar a estados alterados de conciencia y mensajear a su compañera de departamento. Lo cual nos deja una importante lección: cuando beban, aléjense de su teléfono y pasen las llaves.

Estaba almorzando cerca de la oficina junto a Mario, quien me fue a ver. Mientras comía un trozo de pizza, mi hermano disfrutaba de una ensalada. Son cosas que jamás pensaré que podían ocurrir. Usualmente era yo el que comía un poco mejor. Para Mario, hace uno o dos años, los vegetales eran como la kriptonita. No es como que antes de comerlos tenía superpoderes. Bueno, quizás sí. Tenía el poder de ser gordo y decadente. Ahora cambió de poder. Ahora es delgado, tiene estilo y sonríe a menudo. Lo único que no ha cambiado es la hermosa relación que tenemos:
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Mario llamó de sorpresa a nuestro protagonista, sin saberlo, éste fue a su hogar y se encontró con una elaborada trampa, consistente en rayos láser, chimpancés entrenados y un par de tigres de bengala con patinetas.

Natalio, Mari y yo caminamos tan rápido como pudimos. No todo había salido como lo planeamos, pero la vida seguía funcionando. Yo estaba nervioso por reencontrarme con mi hermano, pero justo antes de llegar a nuestro edificio, vimos a un tipo de lentes oscuros, fumando un cigarro en la entrada del edificio. Pasé al lado de él y me dijo
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR: Nuestro atractivo protagonista pierde el único trabajo que podía darle la estabilidad económica suficiente para poder ahorrar y mudarse a Los Angeles. Luego de una noticia tan alegre y llena de buenos augurios, recibió la noticia que Mario había inventado una máquina teletransportadora y justo se había colado una mosca en el equipo. Ahora era una mosca humana hipster. No sé si exista algo más terrorífico.

Frente a mí, de pie, afuera de mi edificio, está Mari. Tengo en mis manos un vaso. Ella también. Estábamos tomando. Nos miramos a los ojos y siento una emoción gigantesca. Sin poder contenerme, la abrazo. La abrazo con todas mis fuerzas. Es lo más bonito que me había pasado en mucho tiempo.
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