31 Mar

Instrucciones para un hijo teórico II: capítulo 8

La lluvia me hace pensar en invierno me hace pensar en abrigarme me hace pensar en ti.

Llevamos 2 meses de altísimas temperaturas. Sobre 30 grados los sábados (día laboral en mi caso). Como ya los sabes, soy fotógrafo de matrimonios y me toca trabajar muchas veces a la hora de más calor, cargando unos 10 kgs de equipo y con gran demanda física. Para obtener buenas fotos, hay que subir y bajar escaleras, agacharse, correr para llegar al momento y estar todo el tiempo vestido con pantalones y camisa. En un matrimonio de febrero, estábamos almorzando con una colega. Normalmente, en los matrimonios, los fotógrafos almorzamos en una habitación cerca del salón. La idea es poder almorzar tranquilos, pero siempre pendiente a lo que pasa con las mesas. Sería pésimo perder la foto del brindis del abuelo mientras te zampas un filete con papas. Estábamos conversando tranquilamente sobre lo caluroso que estaba el día cuando entró un grupo de invitados llevando a una pobre señora desmayada por una baja de presión. No habíamos terminado de darnos cuenta cuando entró una segunda veterana víctima del calor.

Hoy llueve.

No sabes lo agradable que es el sentir los truenos, el ruido de los autos avanzando sobre el pavimento mojado y los flashes que reverberan sobre los vidrios.
Menos mal. No más verano, por favor.

Y siempre me ha agradado la lluvia de noche, tranquilizando la ciudad, despejando su cielo y haciendo brotar el olor del pasto. Viene el invierno y vienes tú.

Cuando niño, los días de lluvia significaban que no había clases de educación física. Y no sólo eso, también significaba que nos traían juegos de mesa a la sala y jugábamos durante 2 horas de clases (7 horas - niño ) al ludo, metrópoli y a serpientes y escaleras. Y lo mejor de todo, podía ir con botas de goma.

Los padres suponen que las botas son para evitar el agua, pero la verdad es que son imanes de charcos y lugares mojados. La magia incomparable de estar parado sobre el agua turbia, a la altura de los tobillos, sin que se mojen los dedos.

Tu madre no tenía tanta suerte. Sus padres le compraban botas de cuero para que no pasara frio. Y la retaban si las mojaba. Te cuento esto porque ya acordamos con tu madre que vas a tener botas de goma.

La lluvia me hace pensar en invierno, me hace pensar en nubes me hace pensar en ti.

Vamos a tomar desayuno en la cama y nos vamos a quedar durmiendo los domingos.

La lluvia es de las cosas más mágicas que te van a tocar ver. Es un misterio inexplicable. No importa cuantas veces me lo intenten hacer entender, que el agua caiga del cielo y forme pequeños ríos, siempre va a ser incomprensible. Siempre.

Lo que alcanzo a entender es que cuando llueve dan ganas de quedarse en cama, flojeando, leyendo o viendo pelis. Esa es una de las grandes cosas que te esperan.

Cuando había demasiada lluvia, venía la hora en que se anunciaba o no la suspensión de las clases en la región. Era como un regalo, porque nuestra mente de niños no se preocupaba más que por ese dia de vacaciones en pleno invierno. Y cuando se sabía (normalmente tarde en la noche) te preparabas para un día de descanso, sopaipillas y estufas. Esas tardes eternas jugando con legos, leyendo, viendo monitos, sin salir.

Cuando ya eres grande, la lluvia se transforma en otras cosas. La entendemos como un fenómeno nostálgico, como la interrupción de días perfectamente normales que nos obligan a recordar otros inviernos.

Agosto, 2011. La marcha no se suspende a pesar de que llueve con ganas. Llegaron muchos y caminamos desde la Alameda hasta el cerca del Club Hípico en Blanco Encalada. Los estudiantes iban cubiertos por plásticos, paraguas, bolsas. Corrían de paradero en paradero para evitar mojarse. Al final, cerca del escenario, los estudiantes se agolpaban contra las vallas y se producía vapor que venía de los cuerpos cansados y marchados. Una nubecita que salía de todos. Los medios la llamarían la "marcha de los paraguas". Yo la conocí como la "marcha con lluvia". De las más bellas. De las más agotadoras.

Con tu madre nos estamos preparando para cuando llegues. Ya tenemos tu coche, tu cómoda, tu lámpara y algunas otras cosas. Vas a nacer en un año lluvioso, en pleno invierno. Eso me tiene contento. Porque eres inevitable e inminente. Como las tormentas. Y un poco va a ser así. Vienes a desordenarme la vida y a dejar todo patas arriba. Pero para eso te quiero. Para que me deconstruyas. Para entender las cosas de nuevo. Para fascinarme con la lluvia. De nuevo y mil veces.

Lo único que quiero es que nazcas en un día de lluvioso, para que cuando llueva, me acuerde.

Porque tengo tardes lluviosas para ti. Tengo miles. Con botas de goma y todo.

Comentarios

Ale02-04-2015 21:28
lluvia viernes en la noche = día sábado paseo al cajón del Maipo.
La lluvia también me hace recordar
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Jaime24-04-2015 21:21
Nació en pleno Junio, no recuerdo cumpleaños sin lluvia, pero es fome arruina panoramas, pero mejor que cumpleaños en febrero o enero cuando todos estan de vacaciones.
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