Muchas veces se piensa que comer saludable es fome y desabrido. Que por falta de frituras, azúcar y refinados, la alimentación es una verdadera lata. Sin embargo, creo que puede ser todo lo contrario: una experiencia de nuevos sabores y creatividad.

Hoy existen numerosas corrientes de alimentación, algunas con similitudes y otras bastante contradictorias entre sí: Paleo, macrobiótica, ayurvédica, dieta alcalina, etc., podría nombrar muchas más. Sin embargo, tras leer libros, papers y artículos sobre alimentación saludable, me quedo con algunas cosas que considero fundamentales y en las cuales varias líneas coinciden. Hoy, hablaré sobre una de ellas.

Ya lo sé. Puede que muchos de ustedes lo sepan, pero nunca está demás recordarlo: controlar y conocer las porciones de lo que comemos nos ayuda a evitar tener que botar comida innecesariamente porque cocinamos de más.

Los refinados... me gustan pero me asustan

Durante muchos años comí, al menos una vez al día, algo de esto: pizza, tallarines, arroz blanco, marrauqueta tostada, queque, helado, mmm... unas galletitas.

Ayer en la tarde fui de compras al supermercado y después de una larga jornada de trabajo tenía demasiada hambre, porque olvidé llevarme una colación, entonces, no pude evitar pasar por un restaurante thai que estaba en el camino.

Hasta aquí, ya van dos errores...

Trabajar en el hogar es una bendición. Y lo digo sin exagerar, porque luego de estar un par de años en una oficina, me di cuenta que es la mejor opción para mí. Hay unos que le gusta transportarse a su lugar de trabajo y tener un jefe, yo amo no tener que ir a ningún lado y ser mi propia jefaza.

Me gusta disponer de mi tiempo y tomarme dos horas para el almuerzo; así puedo cocinar y comer con tranquilidad, y hacer que mi vuelta a la segunda patita del día sea menos traumática. Me gusta poder hacer trámites cuando quiera, me gusta dormir siesta si tengo sueñito.

Creo que el único inconveniente que le he encontrado últimamente a trabajar desde mi departamento es el no moverme mucho. ¿Cómo es eso de no moverme?

Hoy, más que hablarles de un tema en especial, me interesa compartir una serie de recetas sencillas que he hecho y me parecen muy buenas, fáciles de hacer y saludables, especiales para esos desayunos en que quieres probar algo diferente.

A continuación, mis propuestas, paso a paso...

El artículo y la ilustración de hoy son de nuestra super-lectora, Angy. ¡Muchas gracias por el aporte!

Generalmente, es como un tabú: arreglarse, salir a un restaurant (o café, aunque ahí es más común), sentarse y tener una cena... solo.

Me imagino que muchos de ustedes han escuchado hablar del omega 3. Incluso pareciera estar de moda. La industria alimentaria ofrece una serie de productos que contienen omega 3 añadido. Sin embargo, pienso que es necesario comprender la importancia de este ácido graso esencial y cuáles son las mejores formas de obtenerlo.

Nos estaban pidiendo esta receta hace un tiempo, así que aquí está: empanadas caseras. Tiquitiquití.

Para las tardes heladas y con diente largo, nada mejor que hacer tus propias empanadas y sorprender a tu familia con tus dotes culinarios. ¿Suena difícil y latoso? Nah, tranquilo. Si nosotros podemos hacerlo, cualquiera puede. En serio. Entrenaría a un mono para que lo hiciera, pero creo que es ilegal.

Bueh, a lo nuestro. Para lograr tus maravillosas empanadas necesitarás:


- 2 y 1/2 tazas de harina.


- 3 cucharadas de aceite.


- Una pizca de sal (que son como dos cucharaditas pequeñas, aproximadamente... lo que cabe entre dos dedos).


- 1/2 taza de agua tibia (es al ojo, pues depende de tu masa, pero eso lo veremos en la receta misma).


- 250 gramos de carne (aunque nosotros usamos unos 150 gramos de carne de soja).


- 1/2 cebolla.


- condimentos varios (si quieren pueden agregar aceitunas o pasas. nosotros no tenemos y odio las empanadas con pasas... estoy seguro que no soy el único).

Con estos ingredientes, alcanza para diez empanadas pequeñas. Si quieres hacer más, usa más.

Procedimiento

1) Pon las dos tazas y medias de harina en un recipiente.

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2) Agrega las 3 cucharadas de aceite.

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3) Agrega la pizca de sal. No es muy complejo hasta ahora, ¿verdad?

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4) Agrega ahora el agua tibia. La medida de ésta, como decíamos antes, es al ojo. Agrega agua, mezcla bien y si falta un poco, vuelve a agregar. La masa debe quedar suave, pero no pegote. Si queda pegote (por error de cálculo) usa más harina.

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5) Amasa hasta que quede una mezcla uniforme.

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6) Procede a cortar la cebolla. En la foto, la corté con el cuchillo... pero luego de llorar como una nena en camisón, la metí en la picadora. Querido lector, si usted tiene tiempo, puede sumergir su cebolla en agua hirviendo por unos siete minutos para suavizarla. Yo no lo hice y mis ojos sufrieron. Avance bajo su propio riesgo.

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7) En un sartén a fuego medio, prepara un sofrito para la cebolla. Puedes sofreír un poco de aceite con aliños. Nosotros fuimos más flojos y usamos un sofrito que viene hecho y lo venden en supermercados. Es opcional.

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8) Mezcla tu sofrito con la cebolla en el sartén. Condimenta.

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9) A continuación, agrega la carne (en nuestro caso, de soja). Déjala en el fuego y revuelve constantemente. No debe quedar cruda (porque, bueno, te enfermarás...), pero cuida de no dejarla demasiado seca, porque luego vas a meter esto en una empanadas y eso irá al horno. Si queda seca desde ahora, cuando tu empanada esté lista, será como comer arena. Ojo con eso. Las empanadas de aserrín no son la última moda.

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10) Mientras se prepara la carne, usa un uslero y prepara la masa.

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11) Con ayuda de un plato y un cuchillo, corta círculos de masa.

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12) Finalmente, pon la carne con condimentos en los circulos de masa y ciérralos con cuidado. No es nada del otro mundo. De verdad que es simple, en las fotos se ve el proceso claramente:

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13) Ahora sólo ponlas en el horno hasta que estén doradas. Aproximadamente unos veinte minutos a fuego medio... ¡Y ya están listas!

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PROTIP 1: Si les sobra carne, pueden usarla para una deliciosa salsa de tomates, y si les sobra masa, pueden meterla al horno y les quedará una galleta. Fome y sin sabor, pero galleta al fin y al cabo. Quizás la pueden usar para untarla en salsas, por ejemplo.

PROTIP 2: Echa a volar tu imaginación. Las empanadas no pueden sólo ir rellenas con pino. Son como fajitas. ¡Pon lo que quieras dentro y prueba diferentes combinaciones y sabores!

Te lo dijimos, no es nada de complicado. En un rato tienes listas tus empanadas para dejar a tus familiares sorprendidos con ese chef profesional que es capaz de preparar empanadas viviendo solo. Nada de mal para quedar como Rey/Reina con la suegra, ¿eh?

¿Se animan a hacerlas? ¡Cuéntennos cómo les va!

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