Ya lo sé. Puede que muchos de ustedes lo sepan, pero nunca está demás recordarlo: controlar y conocer las porciones de lo que comemos nos ayuda a evitar tener que botar comida innecesariamente porque cocinamos de más.

Ayer en la tarde fui de compras al supermercado y después de una larga jornada de trabajo tenía demasiada hambre, porque olvidé llevarme una colación, entonces, no pude evitar pasar por un restaurante thai que estaba en el camino.

Hasta aquí, ya van dos errores...

Hace un par años atrás la leche de vaca me empezó a caer mal. Esto fue mucho antes de ser vegana: todo esto ocurrió cuando el estrés laboral (el nerviosismo, las pocas horas de sueño y la gran demanda de mis jefes) de la mano de un café, dejaban mi frágil estómago para la historia. 

Entonces de a poco fui investigando otras opciones de lácteos, que no vinieran de la amiga vaca. Como nunca he sido muy fan de la leche de soya (hasta que me recomendaron la leche Silk, que es maravillosa) tenía que encontrar una versión que me gustara e idealmente que pudiese fabricar en casa.

Aquí les cuento como me fue.

El artículo y la ilustración de hoy son de nuestra super-lectora, Angy. ¡Muchas gracias por el aporte!

Generalmente, es como un tabú: arreglarse, salir a un restaurant (o café, aunque ahí es más común), sentarse y tener una cena... solo.

Hace algunos días venía pensando sobre qué tema escribir y, por casualidad, en la semana conversé con dos chicas distintas sobre la soya. Entonces, recordé que hace tiempo lo tenía pendiente... Para los veganos puede ser un tema controvertido. Especialmente para aquellos que basan gran parte de su alimentación en la soya, la cual ya se ha comprobado, no es saludable en todas sus formas.
Me imagino que muchos de ustedes han escuchado hablar del omega 3. Incluso pareciera estar de moda. La industria alimentaria ofrece una serie de productos que contienen omega 3 añadido. Sin embargo, pienso que es necesario comprender la importancia de este ácido graso esencial y cuáles son las mejores formas de obtenerlo.

Soy un reformado adicto de las bebidas gaseosas. Es lo primero que deben saber. Ningún día estaba completo sin una bebida: podía ser una lata, una botella de medio o gran botella para acompañar la comida o el postre. Sí, yo era de esos.

Poco a poco he cambiado este (mal) hábito. No puedo decir que ya no tomo bebidas, pero sí lo hago sólo en casa ajenas cuando me ofrecen o en momentos muy especiales. Pero en términos generales, ya no tomo.

Entonces, ¿con qué acompañar las comidas? Bueno, los jugos en polvo me dan un poco de asco, así que ahora sólo bebo agua y jugos naturales. Mi relación con el agua era como con la hija fea del mejor amigo de tu papá: esa con la que todos te dicen que debes llevarte bien, pero no te gusta ni por si acaso. Poco a poco me he reencontrado con esa amiga fea y he descubierto sus propiedades. Pero también hay muchos mitos en torno a ella.

Este es un post antiguo, de cuando éramos vegetarianos... ¡pero sigue tan vigente como antes!

Adoro las salsas. Me gusta el ketchup, el tomate, la mostaza, salsas de ajo y todo tipo de condimento en forma de salsa para echar a ensaladas y comidas en general. Pero hoy me gustaría hablarles de uno en particular que algunos conoces y otros tal vez no tienen idea qué es: la salsa barbacoa y sus usos en nuestra querida cocina de guerrilla.


La primera vez que probé la salsa barbacoa en fue en un tiempo que vivía con mi madre. Tiempo en que, para poder obtener dinero, le arrendábamos una habitación del departamento a estudiantes de intercambio. Una chica morena muy simpática, antes de irse de vuelta a California (USA), nos dejó varios regalos, entre los que venía un pote de salsa barbacoa. Yo recordaba que algunas promociones de McDonald's venían con esa salsa, pero nunca las había pedido, y cuando lo hice, no recuerdo que me gustara especialmente. La pobre salsa pasó un tiempo en el refri, hasta que me animé a probarla. Y entonces comenzó un período de experimentación un tanto indecoroso... y es que terminé usándola para todo.

¿Qué es la salsa barbacoa?, se estarán preguntando. Es una salsa color rojo oscuro, con sabor a... asado de ketchup. Lo siento, soy horrible con las descripciones de sabores, pero es lo más cercano que se me ocurre. Si no la han probado, pueden comprarla en su supermercado favorito en la sección de condimentos (junto al ketchup y mayonesa), o en la sección de comida internacional (en la parte de Estados Unidos). En este caso, tenemos una salsa barbacoa de cierta marca, pero hay muchas otras. Esta es, simplemente, la que tengo en casa en este momento. Lo común es que se use para sazonar la carne, ya sea servida en el plato, o durante el asado. De ahí el término "salsa barbacoa". Pero usarla para eso es solo el comienzo..

El asunto es que esta famosa salsa la probé con casi todo lo que se me cruzó en el camino. Mis múltiples experimentaciones determinaron un par de usos prácticos para recetas que pueden salvarles en caso de tener visitas o, si no las tienen, en caso de querer comer algo típico con un leve toque distinto. Vamos a ellas...

Salsa de tallarines: Haz tu salsa de siempre. Agrégale los ingredientes clásicos (tomates, champiñones, pimentones, etc), pero agrégale, además, dos cucharadas soperas de salsa barbacoa. ¿Suena asqueroso? Sí, suena escalofriante, no voy a negarlo. Pero le dará un gusto diferente a tu salsa y esos aburri-tallarines volverán en gloria y majestad a tu mesa.

Salsa golf: Una porción de mayonesa, una porción de ketchup, media porción de mostaza y media porción de salsa barbacoa. Agitar, comer con papas fritas o cualquier agregado para picar. La salvación de la junta en casa improvisada, y los invitados quedarán felices. También sirve para aliñar ensaladas. ¡Dale a ese huevo duro un sabor diferente!

Champiñones: Esto es raro, pero vale la pena probarlo. Cuando sofrían sus champiñones, agréguenle dos cucharadas soperas de salsa barbacoa. Sofrían esos champiñones hasta el fondo, gracias a un poco de aceite y la salsa. El resultado: champiñones con un toque distinto, un poco más fuerte.

Alas de pollo: No he probado hacerlo en casa, pero las alas de pollo del "Pizza Pizza" (ex "Domino's Pizza") están envueltas en salsa barbacoa. Buen dato por si quieres probar tus alitas de siempre con un toque curioso.

Pizza: El último descubrimiento fue cuando con un grupo de amigos celebramos pidiendo unas pizzas, y la vegetariana que pedí, le agregué una delgada capa de salsa barbacoa (sí, experimentando, ya saben cómo es esto...). ¿El resultado? Increíble. Luego todos querían probar mi pizza, así que la próxima vez, nadie alegará cuando sean todas vegetarianas. La salsa barbacoa va a salvar la merienda.

Así, pues. Esa es la lista de lo que más me ha gustado de mi experimentación con la salsa barbacoa, pero eso no significa que no haya más. Siempre es bueno probar condimentos y, si metes la pata, lo peor que puede ocurrir es un almuerzo no tan excelente como lo habías imaginado. Lo mejor es una nueva receta en tu vida y poder disfrutar de algo rico muchas más veces.

¿Alguien conocía la salsa barbacoa? ¿Para qué la han usado?

Anímense. Compren una, experimenten condimentando sus alimentos y cuéntennos si valió la pena o si es el peor consejo que les han dado, desde que alguien les dijo: "rápate en invierno, serás el más cool del barrio".

Hoy existen numerosas corrientes de alimentación, algunas con similitudes y otras bastante contradictorias entre sí: Paleo, macrobiótica, ayurvédica, dieta alcalina, etc., podría nombrar muchas más. Sin embargo, tras leer libros, papers y artículos sobre alimentación saludable, me quedo con algunas cosas que considero fundamentales y en las cuales varias líneas coinciden. Hoy, hablaré sobre una de ellas.

Hoy, más que hablarles de un tema en especial, me interesa compartir una serie de recetas sencillas que he hecho y me parecen muy buenas, fáciles de hacer y saludables, especiales para esos desayunos en que quieres probar algo diferente.

A continuación, mis propuestas, paso a paso...

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