Este es un post antiguo, de cuando éramos vegetarianos... ¡pero sigue tan vigente como antes!

Adoro las salsas. Me gusta el ketchup, el tomate, la mostaza, salsas de ajo y todo tipo de condimento en forma de salsa para echar a ensaladas y comidas en general. Pero hoy me gustaría hablarles de uno en particular que algunos conoces y otros tal vez no tienen idea qué es: la salsa barbacoa y sus usos en nuestra querida cocina de guerrilla.


La primera vez que probé la salsa barbacoa en fue en un tiempo que vivía con mi madre. Tiempo en que, para poder obtener dinero, le arrendábamos una habitación del departamento a estudiantes de intercambio. Una chica morena muy simpática, antes de irse de vuelta a California (USA), nos dejó varios regalos, entre los que venía un pote de salsa barbacoa. Yo recordaba que algunas promociones de McDonald's venían con esa salsa, pero nunca las había pedido, y cuando lo hice, no recuerdo que me gustara especialmente. La pobre salsa pasó un tiempo en el refri, hasta que me animé a probarla. Y entonces comenzó un período de experimentación un tanto indecoroso... y es que terminé usándola para todo.

¿Qué es la salsa barbacoa?, se estarán preguntando. Es una salsa color rojo oscuro, con sabor a... asado de ketchup. Lo siento, soy horrible con las descripciones de sabores, pero es lo más cercano que se me ocurre. Si no la han probado, pueden comprarla en su supermercado favorito en la sección de condimentos (junto al ketchup y mayonesa), o en la sección de comida internacional (en la parte de Estados Unidos). En este caso, tenemos una salsa barbacoa de cierta marca, pero hay muchas otras. Esta es, simplemente, la que tengo en casa en este momento. Lo común es que se use para sazonar la carne, ya sea servida en el plato, o durante el asado. De ahí el término "salsa barbacoa". Pero usarla para eso es solo el comienzo..

El asunto es que esta famosa salsa la probé con casi todo lo que se me cruzó en el camino. Mis múltiples experimentaciones determinaron un par de usos prácticos para recetas que pueden salvarles en caso de tener visitas o, si no las tienen, en caso de querer comer algo típico con un leve toque distinto. Vamos a ellas...

Salsa de tallarines: Haz tu salsa de siempre. Agrégale los ingredientes clásicos (tomates, champiñones, pimentones, etc), pero agrégale, además, dos cucharadas soperas de salsa barbacoa. ¿Suena asqueroso? Sí, suena escalofriante, no voy a negarlo. Pero le dará un gusto diferente a tu salsa y esos aburri-tallarines volverán en gloria y majestad a tu mesa.

Salsa golf: Una porción de mayonesa, una porción de ketchup, media porción de mostaza y media porción de salsa barbacoa. Agitar, comer con papas fritas o cualquier agregado para picar. La salvación de la junta en casa improvisada, y los invitados quedarán felices. También sirve para aliñar ensaladas. ¡Dale a ese huevo duro un sabor diferente!

Champiñones: Esto es raro, pero vale la pena probarlo. Cuando sofrían sus champiñones, agréguenle dos cucharadas soperas de salsa barbacoa. Sofrían esos champiñones hasta el fondo, gracias a un poco de aceite y la salsa. El resultado: champiñones con un toque distinto, un poco más fuerte.

Alas de pollo: No he probado hacerlo en casa, pero las alas de pollo del "Pizza Pizza" (ex "Domino's Pizza") están envueltas en salsa barbacoa. Buen dato por si quieres probar tus alitas de siempre con un toque curioso.

Pizza: El último descubrimiento fue cuando con un grupo de amigos celebramos pidiendo unas pizzas, y la vegetariana que pedí, le agregué una delgada capa de salsa barbacoa (sí, experimentando, ya saben cómo es esto...). ¿El resultado? Increíble. Luego todos querían probar mi pizza, así que la próxima vez, nadie alegará cuando sean todas vegetarianas. La salsa barbacoa va a salvar la merienda.

Así, pues. Esa es la lista de lo que más me ha gustado de mi experimentación con la salsa barbacoa, pero eso no significa que no haya más. Siempre es bueno probar condimentos y, si metes la pata, lo peor que puede ocurrir es un almuerzo no tan excelente como lo habías imaginado. Lo mejor es una nueva receta en tu vida y poder disfrutar de algo rico muchas más veces.

¿Alguien conocía la salsa barbacoa? ¿Para qué la han usado?

Anímense. Compren una, experimenten condimentando sus alimentos y cuéntennos si valió la pena o si es el peor consejo que les han dado, desde que alguien les dijo: "rápate en invierno, serás el más cool del barrio".

El artículo y la ilustración de hoy son de nuestra super-lectora, Angy. ¡Muchas gracias por el aporte!

Generalmente, es como un tabú: arreglarse, salir a un restaurant (o café, aunque ahí es más común), sentarse y tener una cena... solo.

Los refinados... me gustan pero me asustan

Durante muchos años comí, al menos una vez al día, algo de esto: pizza, tallarines, arroz blanco, marrauqueta tostada, queque, helado, mmm... unas galletitas.

Ya lo sé. Puede que muchos de ustedes lo sepan, pero nunca está demás recordarlo: controlar y conocer las porciones de lo que comemos nos ayuda a evitar tener que botar comida innecesariamente porque cocinamos de más.

Hace un par años atrás la leche de vaca me empezó a caer mal. Esto fue mucho antes de ser vegana: todo esto ocurrió cuando el estrés laboral (el nerviosismo, las pocas horas de sueño y la gran demanda de mis jefes) de la mano de un café, dejaban mi frágil estómago para la historia. 

Entonces de a poco fui investigando otras opciones de lácteos, que no vinieran de la amiga vaca. Como nunca he sido muy fan de la leche de soya (hasta que me recomendaron la leche Silk, que es maravillosa) tenía que encontrar una versión que me gustara e idealmente que pudiese fabricar en casa.

Aquí les cuento como me fue.

Cada vez que salgo y paso algunas horas sin comer, me arrepiento de no haber llevado una colación. Primero, porque me cuesta encontrar algo saludable en cualquier lugar y segundo, porque cuando por fin voy a almorzar o cenar, tengo tanta hambre que como desesperadamente, sin la conciencia y tranquilidad necesaria que requiere el acto de comer.

Por eso hoy quiero hablarles de dos cosas: la importancia de comer lento y algunas ideas de colaciones saludables.

Aunque muchas veces intento masticar bien y conectarme con lo que estoy comiendo, reconozco que es habitual que coma relativamente rápido. A veces más me dedico a hablar o a pensar, en vez de concentrarme en lo que como, pese a que estoy segura que el ser consciente en el acto de alimentarse hace una diferencia enorme.

En todos los textos que he revisado sobre alimentación, hablan de la importancia de masticar y salivar cada bocado que nos comemos. Esto es fundamental, pues en nuestra boca hay una serie de enzimas que comienzan a desarrollar el proceso digestivo. Si no masticamos bien, cuando el alimento llega al estómago a nuestro cuerpo le cuesta mucho más digerir el alimento. Y lo mismo ocurre con los líquidos. Es importante mantenerlos dentro de la boca unos segundos antes de tragarlos. Creo que por eso escuché una vez lo siguiente: Mastica cada bocado hasta que quede líquido y cada líquido mastícalo como un bocado.

El comer lento y mantener durante casi diez segundos la comida en la boca antes de tragar, no sólo nos ayuda en el proceso digestivo, sino que también nos satisface antes y nos permite conectarnos más con lo que comemos: sus texturas, cambios de sabores, olores, etc. Como ven, hay buenas razones para disfrutar lentamente una buena comida..

Y para no pasar hambre, como tantas veces me ha sucedido (y terminar tragando como desesperada cuando por fin estoy frente a un plato de comida), les recomiendo disponer y elaborar sus propias colaciones saludables. Por supuesto, cualquier fruta siempre será bienvenida, pero a continuación les presento otras ideas.


En pequeñas bolsas ziploc, puedo llevar cada día algo de lo siguiente:
Palitos de zanahoria pelada y apio.
Rábanos.
Pistachos sin sal, almendras, pasas, castañas de cajú o nueces (cualquiera de estos o la mezcla de varios, es siempre mi snack favorito).
Coco en trozos.
Cochayuyo crocante (es más rico de lo que piensas: ponlo en el horno en trozos pequeños y espera unos segundos hasta que suene como que revienta)
Frutas deshidratadas que no contengan azúcar ni preservantes.

Otras ideas, pero que ya es necesario llevar en envases son:
Mezcla de miel con polen de abejas.
Mezcla de miel con sésamo.

Así que ya saben. No vale la pena estar con hambre y terminar comiendo papas fritas. Es mejor prepararnos para cuando salgamos de casa y disfrutar de algo sano y con tiempo. ¿Se animan?

Me llamo Tatiana (Tati), soy periodista y por ahora vivo en Boston. Hace tres años que soy una motivada por los temas de salud y nutrición. Entre lecturas varias, asesorías, datos y encuentros con otros interesados igual que yo, creo que tengo bastante material para compartir y quiero hacerlo con ustedes, en una serie de columnas acerca de vivir sano.

Si crees que comes sano porque entre tus alimentos no está la sal, azúcar, ni grasas, pero sí el pan integral, margarina, jamón de pavo, endulzantes, arroz, yogurt y coca light, creo que tenemos mucho de qué hablar...

Hoy, más que hablarles de un tema en especial, me interesa compartir una serie de recetas sencillas que he hecho y me parecen muy buenas, fáciles de hacer y saludables, especiales para esos desayunos en que quieres probar algo diferente.

A continuación, mis propuestas, paso a paso...

Les presento el cuscús, también llamado "cous cous", "alcuzcuz" o "kuskūs".

Me imagino que muchos de ustedes han escuchado hablar del omega 3. Incluso pareciera estar de moda. La industria alimentaria ofrece una serie de productos que contienen omega 3 añadido. Sin embargo, pienso que es necesario comprender la importancia de este ácido graso esencial y cuáles son las mejores formas de obtenerlo.

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