Que rico es leer y escuchar las experiencias de muchas cuando dicen "me independicé y me fui a vivir solo/sola o en pareja". Cuando cuentan lo que fue armar la casa, las nuevas responsabilidades que adquieren, y reírse de algunos porque no saben cocinar o se les queman hasta las ensaladas.

Pero, ¿qué pasa cuando por cosas del destino tienes que volver a la casa de tus padres? Bueno, este es mi caso.

Este es un post auspiciado por Samsung.

Muchas veces sentimos que #laVidaCambia muy rápido. Por ejemplo, ¿cómo no recordar esa tan anhelada época de juventud en la que tu mayor responsabilidad era ir a la universidad y estudiar? Ahora miras atrás y ves que tu vida a girado en 180 grados. Sobretodo cuando llegan los niños.

Antes de irnos a vivir de manera independiente, solemos tener experiencias viviendo con amigos. Experiencias de vacaciones, fines de semana o alguna situación similar. Y es un clásico que, al terminar el tiempo en que están todos juntos alguien dice "Sería muy entretenido si viviéramos todos juntos". Pero claro, del dicho al hecho...

El otro día, mi vecina y amiga Ale llegó complicada a mi departamento. Como ya había ocurrido en otras ocasiones, a veces sucedía que una de las dos estaba sola en casa, y en vez de tomar once viendo tele, nos acompañábamos en nuestra soledad juntas, comiendo marraquetas y palta. Porque, eso es lo que hacen los vecinos ¿no?

¡Este es un publipost de Samsung! :)

#LaVidaCambia a cada rato, pero es impresionante todo lo que cambia cuando empezamos a pololear.

Estas últimas tres semanas, Ed y yo hemos sido huéspedes en otros países. Huéspedes de hostales para mochileros, de casas de amigos y de casas de desconocidos. Y es raro porque si bien sabemos cómo comportarnos en casa de amigos, ayer por primera vez nos cuestionamos qué tipo de huéspedes queremos ser en cualquier tipo de casa o lugar.

Estamos en París. Por esas enormes casualidades y fortunas, un gran amigo nuestro (Sylvain, pero le decimos, de cariño, "Baguette") nos consiguió alojamiento por cuatro días en casa de Céline y Baptiese, un joven y amigable matrimonio.

Aún no logramos agradecerle lo suficiente por tenernos aquí, y más encima gratis. No nos conocen, pero el sólo hecho de ser amigos de Baguette nos abrió puertas inesperadas.

Entonces surgió la pregunta: ¿Tenemos que ser ninjas y jamás ser vistos o debemos sociabilizar? ¿Cual es el equilibrio perfecto entre sociables sin ser molestos? ¿Cuando dar espacio a los dueños de casa y cuando estar con ellos?

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