Trabajar en el hogar es una bendición. Y lo digo sin exagerar, porque luego de estar un par de años en una oficina, me di cuenta que es la mejor opción para mí. Hay unos que le gusta transportarse a su lugar de trabajo y tener un jefe, yo amo no tener que ir a ningún lado y ser mi propia jefaza.

Me gusta disponer de mi tiempo y tomarme dos horas para el almuerzo; así puedo cocinar y comer con tranquilidad, y hacer que mi vuelta a la segunda patita del día sea menos traumática. Me gusta poder hacer trámites cuando quiera, me gusta dormir siesta si tengo sueñito.

Creo que el único inconveniente que le he encontrado últimamente a trabajar desde mi departamento es el no moverme mucho. ¿Cómo es eso de no moverme?

A pesar de que fumo desde hace más de diez años, no soy un fumador compulsivo. He pasado por etapas. Altos y bajos, que le dicen. Hubo un tiempo en que me fumaba una cajetilla diaria en períodos de stress, ahora he bajado a dos cigarrillos diarios... o incluso ninguno. Puedo pasar una semana sin fumar y no tengo problemas. Incluso he pasado hasta seis meses sin hacerlo, pero vuelvo. ¿Por qué? Digamos que me entretiene y me gusta. Soy, en otras palabras, un fumador no compulsivo, pero sí activo... si es que ello existe o tiene alguna relevancia.

Quizás se te ha pasado por la cabeza la idea de comprar ese objeto que tanto quieres y no está en tu ciudad. ¿Qué hacer? ¿Vale la pena comprar por internet? ¿Es seguro? ¿Qué pasa si me estafan? A continuación, una pequeña guía para obtener eso que tanto quieres y no caer en el cuento del tío.

Personalmente, no soy de los que se visten en el baño. Después de ducharme, sin importar cuándo me seque, si me visto en el baño, siento que quedo húmedo y me desagrada la sensación. Pero no porque a mí no me guste, significa que no tengo algo que aportarle a quienes sí lo hacen.

Escribir este post ha sido mega difícil. Y es porque de alguna manera, es volver a abrir una experiencia que he preferido olvidarme y no pensar mucho.

Irme del país con Ed ha sido quizás la experiencia más horrible que he vivido. No sólo por lo traumático que es despedirse de tus amigos y tu familia y abandonar el hogar donde has vivido casi cuatro años, si no que también tener que vender y deshacerte de muchas cosas que no puedes traer contigo. Objetos (cosas, al fin y al cabo) que con los años empiezan a adquirir un valor sentimental para ti y que duele perder.

Y escribo este post, mis nerds, para que si algún día les toca cambiarse de un país a otro, de un continente a otro o simplemente de una ciudad a otra, tomen en cuenta estas cosas que yo no consideré y no lo pasen tan mal en el proceso.
Amo a mi familia. Ahora estoy lejos por motivos de distnacia, pero antes venían a verme cada cierto tiempo y cuando lo hacían, siempre me ponía nerviosa (aunque sean muy relajados). Y esto es porque me gustaba que se sintieran bien atendidos, que comieran rico y que vieran que no vivo en la miseria (o al menos fingir que no es así).

Lo bueno es que ya con el tiempo he aprendido un par de cosas. Mis primeras veces fueron desastrosas, por eso querubines, entusiastas lectores de este sencillo blog, aquí les doy mis datos y consejos para cuando venga a visitarte la familia.

1. Que no cunda el pánico. Sea la familia de tu novia/o o la tuya, esto siempre debe tratarse desde un lado "familiar": es decir, confianza, buena onda y como algo ameno. Si piensas que ellos irán a juzgar tu hogar, estás acabado: te fijarás en todos los detalles, harás aseo cuatro veces, estarás nervioso toda la velada y sudarás como nunca. Y eso, querido mío, nunca es buena opción. ¿Solución? Estar relajado, aquí todos vienen a comer rico y pasar un buen rato, no a mirar la mancha en tu alfombra.

2. Ordenar lo justo y necesario. No te mates dejando tu departamento cien por ciento limpio e inmaculado. ¿Y esto porqué? Simple: si lo haces la primera vez, te verás obligado a hacerlo siempre. Presenta tu departamento tal y como es, pero un poco más limpio que de costumbre. ¿Qué ordenaremos entonces? Acomoda los cojines de los sillones, pasar paño de sacudir en los muebles y/o sacar ropa y zapatillas del living-comedor.

3. Música. De un ambiente con silencios incómodos o con los molestos ruidos de ciudad a una música de fondo hay un simple y gran paso. Con la distancia de pocos clicks podemos hacer un ambiente altamente grato para conversar y compartir un cafecito. ¡Y es más simple de lo que creen! Ingresen a Grooveshark y programen una lista de música con Astrud Gilberto, un buen jazz como los chilenos Nahuel Jazz Quartet, grupos como Holden o, mi favorita, Billie Holiday. Con eso serán unos campeones, y quizás consigan convertir un sencillo pan con mantequilla en un sofisticado bocado francés.

4. Ser buen anfitrión. Atienda bien a sus comensales, pero sin estar metido en la cocina o de aquí para allá todo el tiempo. Esto es un reto, pero se puede conseguir: adelantar lo que los invitados quieren, antes de que ellos lo pidan, pero sin perderse las conversaciones, chistes y anécdotas. Y este era el error que más cometí en mis primeras oportunidades: como quería que todo estuviese perfecto, me perdía de todo y ponía nerviosos a mis invitados. Mega mal. No lo haga.

5. Autoservicio. Como mi comedor es pequeño (solo caben cuatro personas sentadas) y mi familia es algo numerosa, debo hacer que toda comida sea para consumir de pie o sentado en el sillón. Así pues, me olvido de cualquier cosa que necesite cubiertos o que sea muy aparatosa. Lo que hago: pongo la mesa de comedor en una esquina y las sillas las reparto en el living. En la mesa pongo todo: tazas, cubiertos, servilletas, platos pequeños, tés, café, azúcar, pancitos, palta, mantequilla, etc. Al llegar aviso "oye, esto es autoservicio". Fin. No hay problemas. Cuando alguien quiere algo, va, se sirve y se vuelve a sentar en su puesto. De vez en cuando hay que traer más agua caliente. Nada más.

6. La forma más efectiva de hacer que la gente lo pase bien es que se relajen y entren en confianza. Al llegar nunca está demás decirles: "oye, ahí está el baño cualquier cosa" ó "siéntanse como en su casa". Comprobado, todos se relajan. Así, aunque sepan que no es su casa, hay un anfitrión relajado y buena onda.

7. El baño. Ah, ese tema. Podría escribir un libro acerca de los baños ajenos. Pero, como esta no es la ocasión, escribiré un par de cosas que usted debería hacer: todos sabemos que no hay nada peor que baño ajeno así que si podemos hacer más amena la ida de algún familiar o amigo, mucho mejor. Ten siempre en el baño de visitas alguno que otro desodorante ambiental, toalla limpia de mano, y chequea de vez en cuando si se necesita cambiar el papel higénico.

8. Si los días están más tibios, habilita la terraza (si es que tienes una) para quien quiera fumar o simplemente para hacer otro ambiente. Si la terraza es grande, quizás sería una buena idea hacer la reunión afuera, ¿no?

¡Y eso es todo amigos! Con el tiempo cada vez se perfecciona más este maravilloso arte de atender gente. Recuerda siempre agradecer la visita de todos, ahí quedarán como dioses.

¿Alguien quiere aportar con un consejo o con una vergonzosa anécdota?

Todo el mundo debería saber cómo pintar una pared. Pero yo nunca me había hecho la idea de pintar algo salvo los cuadritos que hago en óleo de vez en cuando...

Pintar en sí no es ninguna ciencia exacta. Vas a una ferretería y compras pintura. Si no sabes mucho (como yo) pide asesoría de un vendedor que ojalá de buena gana de explique cómo es el funcionamiento de cada pintura y qué es lo que necesitarás para llevar a cabo tu cometido.

Siempre que estoy en plan de ahorro me pongo en "modo marca genérica", que es simplemente, preferir las marcas asociadas a los mismos supermercados en vez de comprar famosas o conocidas marcas.

Esto es quizás una de las cosas que más me ha costado a la hora de ahorrar mis nerds. Y es porque, tontamente, siempre he tenido la percepción que comprando los productos con marcas, estoy pagando por algo de alta calidad o que me asegurará un súper-buen desempeño a la hora de cocinar o limpiar.
12 Nov

Eliminando el mal olor

Categoría: Ropa
Carretear es bakán, ¿para qué andamos con cosas? 
Afuera, adentro, en la playa o en tu casa. Con poca gente o con mucha gente, siempre es divertido.

Pero parte de salir de juerga es saber que tu ropa quedará hedionda, sin excepción. Con olor a cigarro, con olor a asado, o con olor a sudor.

Y mientras todo se pueda lavar (como el pelo, poleras, jeans y calcetines) hay ciertas cosas que aun pueden salvarse sin mandarse a la tintorería: ¿Qué pasa con chaquetones, chaquetas de cuero y todo aquello que no debe meterse a la lavadora?
Cuando organizas un carrete en casa, lo peor no siempre es la montaña de loza sino que muchas veces son los olores que sobreviven al post carrete lo que llega a ser, incluso, más molesto. Al día siguiente el ambiente queda impregnado con olor a cigarro que mezclado con olor a comida y alcohol, lo cual sólo termina por aumentar lo mal que te sientes.

¿Cómo poder solucionar este problema? Mi primera idea fue atacar el inconveniente desde el origen. Mantener una corriente de aire apoyada con un ventilador parecía una buena idea, pero luego de un rato el ventilador se encargaba de esparcir las cenizas y la corriente mataba de frío a mis invitados.

Luego descubrí unos spray anti-tabaco en el supermercado, pero funcionaron muy poco. Luego de probar con todas las marcas me di cuenta que para poder opacar un poco el olor, debía echar bastante spray y el producto se gastaba muy rápido. Además, básicamente, cambiaba el olor que había por otro más agradable, pero no lo eliminaba.

Conversando con una amiga me comentó que había leído alguna vez que el vinagre podría eliminar hasta los olores más fuertes y que no dejabas la casa oliendo a ensalada. Hay dos formas de poder ocupar las bondades del vinagre blanco, yo he probado sólo la segunda con resultados bastante buenos. Dice así:

Pon a calentar una olla con agua y cuando comience a hervir añade un chorrito de vinagre blanco. Luego deja que la solución ebulla por unos diez minutos con la olla tapada y, finalmente, deja la olla en las habitaciones donde quieras eliminar el olor. Un poco más simple pero también muy efectivo, es untar un paño en vinagre blanco y luego paséate por toda la habitación. El olor a vinagre eliminará el olor por completo.

Otras soluciones que también podrían ayudar son colocar pequeños recipientes con café de grano en la habitación, también funciona con carbón. Estas son las soluciones caseras, aunque si tu problema te sobrepasa y estas dispuesto a invertir dinero, siempre existirán esas máquinas llamadas purificadores de aire, que pueden salvar tu olfato. O claro, puedes enviar a todos a fumar al patio y morirse de frío... siempre es una opción.

¿Han probado alguna de estas soluciones? ¿Funcionaron?
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